🪨 ¿Y si tú haces la diferencia?
A lo largo de esta semana hemos visto juntos que Jesús anhela que experimentes su paz y que aprendas a vivir desde ella. Pero hay algo más: esa paz que recibimos no es sólo para nosotros.
Quiero compartirte algo personal: recuerdo algunos desencuentros con mis hijos adolescentes. Al principio, mi reacción era responder desde la frustración. Pero cuando aprendí a detenerme y hablarles con amor, ellos empezaron a reaccionar diferente. ¡Cómo cambia la atmósfera cuando elegimos responder con paz!
¿Te ha pasado alguna vez, Amigo/a? A veces basta con que una persona responda con calma para que un ambiente lleno de tensión comience a cambiar.
Jesús dijo: “Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9, NTV).
Me encanta imaginar que Jesús sonríe cuando ve a quienes procuran la paz. No se trata sólo de disfrutar la paz que hemos recibido, sino también de llevarla a tus relaciones, a tus conversaciones y a los lugares donde Dios te ha puesto.
Cuando procuramos la paz, reflejamos el corazón de nuestro Padre.
Amigo/a, quizá hoy Dios quiera usarte para llevar paz justo allí donde la necesiten: en casa, en el trabajo, en una conversación pendiente, o simplemente acompañando a alguien que atraviesa un momento difícil.
Ser un instrumento de paz comienza con haber conocido la paz de Jesús y permitir que esa paz se refleje en nuestra manera de hablar, responder y tratar a los demás.
La paz que Jesús puso en ti puede alcanzar a alguien más.
Llegamos al final de este tiempo juntos. ¡De corazón anhelo que esta serie haya sido una bendición para tu vida! Para mí también fue muy especial recordar y redescubrir lo valioso que es recibir cada día ese regalo tan maravilloso que Jesús nos dejó: su paz.
Antes de despedirme, quiero animarte a que tomes hoy un momento para agradecerle a Dios por su paz y pedirle que te ayude a compartirla con quienes te rodean.
Que la paz de Jesús te acompañe y te fortalezca siempre.