🫴 ¿Y si fuera tuyo?
Hace muchos años, mi mamá heredó unas tierras en otro país. Como vive lejos, contrató empleados para cuidar la tierra y los animales. Pero nunca los cuidarán como lo haría ella. Esas tierras son especiales porque las heredó de su papá.
Esto me ayudó a comprender mejor las palabras de Jesús: “Él dijo: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas” (Juan 10:11, NTV).
Un empleado puede abandonar las ovejas cuando aparece el peligro porque no le pertenecen. El buen pastor, en cambio, permanece para protegerlas.
Estas palabras me han impactado porque me hablan del amor de Dios por mí y por ti. Jesús no salió corriendo cuando vio nuestra fragilidad, el pecado ni el precio de rescatarnos. Se quedó. No nos abandonó. En la cruz dio su vida por nosotros.
De hecho, siempre pensé en Jesús como el Pastor que me guía y me muestra por dónde caminar. Pero al detenerme en “da su vida”, comprendí algo mucho más profundo: Jesús no solamente dice que me cuidará; demuestra hasta dónde llega su amor por mí.
No tengo que convencerlo de que me cuide ni esforzarme para merecer su atención. No soy una carga para Él. Soy su oveja, le pertenezco y mi vida tiene valor para mi Pastor.
Amigo/a, quizá estás dudando del amor de Dios porque sientes que tu mundo está hecho pedazos. Pero Jesús te recuerda que no estás a la deriva. Él te ama y cuida de ti porque le perteneces.
Puedes entregarle aquello que pesa sobre tu corazón y descansar en esta verdad: el Buen Pastor que dio su vida por ti no te abandonará.
Oremos: “Jesús, gracias porque no me cuidas desde lejos. Ayúdame a confiar en tu amor y descansar sabiendo que mi vida está segura en tus manos. En tu nombre Jesús. Amén”.