🏞️ Vuelve a la Fuente de tu Vida
Seguramente alguna vez te regalaron flores. Las colocaste en un florero, les cambiaste el agua y buscaste un lugar especial donde pudieras verlas. Durante algunos días conservaron su color, su aroma y parecían estar llenas de vida.
Sin embargo, poco a poco los pétalos comenzaron a caer y las hojas a marchitarse. Podrías cambiarles el agua o cortar nuevamente los tallos, pero nada podía volver a unirlas a la planta de la que habían sido separadas.
Al leer Juan 15, comprendí que algo parecido puede sucedernos espiritualmente. Podemos continuar con nuestras actividades, servir, trabajar e incluso hablar de Jesús, mientras por dentro comenzamos a sentirnos secos, cansados o vacíos.
Jesús dijo: “Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” (Juan 15:5, NTV).
Muchas veces he intentado producir fruto con mis propias fuerzas. Me esfuerzo por tener paciencia, amar mejor, controlar mis reacciones o incluso perdonar. Pero termino agotada y frustrada porque intento producir por mí misma algo que solamente puede nacer de mi comunión con Jesús.
Una rama no da fruto porque se esfuerza. Da fruto porque permanece unida a la vid y recibe de ella todo lo que necesita para vivir.
Amigo/a, permanecer en Jesús no significa hacer más cosas para demostrarle tu amor. Significa reconocer que estás en Cristo y aprender a vivir desde esa unión: escuchando su Palabra, hablando con sinceridad, recibiendo su amor y permitiendo que su vida transforme la tuya.
Jesús no te está pidiendo que produzcas fruto por tu cuenta. Te está invitando a permanecer en Él.
Antes de comenzar tus tareas, detente unos minutos. Abre tu corazón y dile: “Jesús, necesito tu vida en mí”. Y el fruto llegará como resultado de permanecer, no de forzarlo.