🔭 ¿Ves por dónde vas?
¿Alguna vez te levantaste de noche y trataste de caminar a oscuras? Avanzas, estiras las manos y temes tropezar con algo. Pero basta encender una luz para que todo cambie: puedes ver por dónde continuar.
Antes leía las palabras de Jesús pensando en cómo Él podía mostrarme el camino. Sin embargo, al leerlo nuevamente, comprendí algo que tocó mi corazón: “Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida” (Juan 8:12, NTV).
Jesús no dijo solamente: “Yo les mostraré la luz”. Dijo: “Yo soy la luz”. Eso me hizo comprender que estar en Cristo significa que ya no tengo que vivir en oscuridad. No necesito caminar guiada por mis temores, mis maneras de pensar o aquello que antes me mantenía confundida. Ahora camino con Él.
Eso no significa que comprenderé todo ni que nunca tendré preguntas. Significa que, aun en medio de la incertidumbre, sé quién está conmigo y a quién estoy siguiendo.
También entendí que su luz revela lo que necesita cambiar dentro de mí: una actitud, un temor o una decisión que he estado evitando. Pero Jesús no lo muestra para avergonzarme. Lo ilumina porque me ama y quiere conducirme hacia la vida.
Amigo/a, si estás en Cristo, la oscuridad ya no define dónde vives ni cómo caminas. Su luz está contigo. Tal vez no puedas ver todo el camino, pero puedes confiar en quien camina a tu lado.
Hoy pregúntate: ¿estoy viviendo desde la luz que ya recibí o sigo caminando como si todavía estuviera en oscuridad?
Oremos Juntos: “Señor Jesús, gracias porque tú eres mi luz. Ayúdame a vivir consciente de que estoy en ti, a reconocer lo que quieres transformar y a caminar cerca de tu presencia. En tu nombre Jesús. Amén”.