🧎🏻♀️ Una visión fundamentada en la oración
Me encanta que una de las cosas que más resalta en la vida de Nehemías es su profunda vida de oración. Desde confesar su pecado y el de su pueblo hasta pedir a Dios favor, valentía y dirección, todo lo que hizo nació primero en la oración.
Y eso se ve claramente cuando se presenta delante del rey. No solo se atrevió a mostrarse triste, algo que podía costarle la vida, sino que, cuando el rey le preguntó qué necesitaba, Nehemías habló con una valentía sorprendente y pidió con claridad:
“Si al rey le parece bien, ruego a usted que envíe cartas a los gobernadores del oeste del río Éufrates para que me den vía libre y yo pueda llegar a Judá; y, por favor, ordene a su guardabosques Asaf que me dé madera para reparar las puertas de la ciudad que están junto al Templo, la muralla de la ciudad y la casa donde he de vivir”. El rey accedió a mi petición, porque Dios estaba actuando a mi favor (Nehemías 2:7-8, NVI).
Nehemías no hizo peticiones tímidas. Sabía exactamente lo que iba a pedir, y sabía que era arriesgado. Pidió tres cosas muy concretas:
· Tiempo.· Respaldo del rey, poniendo su autoridad en juego.· Provisiones para reconstruir.
Y el rey no solo aceptó, sino que le dio más de lo que pidió. La clave está en esta frase:
“Porque la buena mano de mi Dios estaba sobre mí” (Nehemías 2:8).
Todo comenzó con una carga, siguió con oración, y esa oración formó una visión; una visión profundamente fundamentada en la oración.
Por eso hoy quiero preguntarte, Amigo/a: ¿cómo está tu vida de oración?
Hace poco hablaba con un joven que se está preparando para servir a Dios. En medio de sus luchas con ansiedad y dudas, le pregunté si estaba llevando esas preguntas directamente a Dios. Porque muchas veces nuestras oraciones son tan generales, tan religiosas, que quizá por eso no vemos respuestas claras.
Nehemías sabía lo que necesitaba. Oró específicamente por el favor del rey, porque sabía el riesgo que iba a tomar.
El camino para reconstruir las ruinas de tu corazón es un camino de oración.
Jesús lo dijo así:
“No reciben porque no piden, y cuando piden, piden para sus propios intereses” (Santiago 4:2-3).
¿Cuánto de lo que Nehemías pidió era para él mismo? Nada. Todo era para el propósito de Dios.
Amigo/a, ¿cuánto de tu vida de oración está enfocada en ti y cuánto en los propósitos de Dios?