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Fecha de publicación 12 de sep. de 2026

🍃 Una vida sin filtros

Fecha de publicación 12 de sep. de 2026

Hace unos dieciséis años, una aplicación comenzó a cambiar la manera en que muchas personas compartían sus fotografías. Instagram ayudó a popularizar algo que hoy nos parece completamente normal: los filtros.

Probablemente alguna vez has usado uno. Yo realmente no utilizo redes sociales, más allá de WhatsApp, pero sí he aplicado filtros a alguna fotografía en mi celular. Y la verdad es que pueden lograr resultados sorprendentes. Con unos cuantos ajustes, una foto común puede verse espectacular.

El problema comienza cuando intentamos hacer lo mismo con nuestra vida. 

Vivimos en una época donde es muy fácil mostrar únicamente la mejor versión de nosotros mismos. Elegimos qué fotos compartir, qué momentos publicar y qué parte de nuestra historia queremos que los demás conozcan.

En otras palabras, aprendemos a vivir con filtros.

Pero hay alguien con quien los filtros nunca funcionan… Dios.

Él conoce nuestras luchas antes de que las confesemos. Conoce nuestras motivaciones antes de actuar. Conoce nuestros pensamientos, nuestros temores y hasta esas conversaciones que tenemos con nosotros mismos cuando nadie más nos escucha.

Y precisamente por eso Jesús termina esta sección del Sermón del Monte con unas palabras que debieron sorprender a todos: “Porque os digo que, si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20, RVR1960).

Muchos escribas y fariseos cuidaban estrictamente el cumplimiento externo de la Ley. Habían aprendido a cuidar muy bien su imagen espiritual. Por fuera parecían hombres ejemplares; sin embargo, Jesús nos enseña que la verdadera justicia va mucho más allá de lo que puede verse exteriormente: llega hasta el corazón. 

Podemos tener buenos filtros y, aún así, necesitar una profunda transformación del corazón. Jesús no vino a enseñarnos a usar mejores filtros. Vino a transformar aquello que los filtros jamás podrán cambiar. Eso es la justicia del Reino. No una vida basada solamente en reglas, ni una espiritualidad construida para impresionar a los demás, sino una relación tan profunda con Dios que comienza a transformar nuestro corazón desde adentro hacia afuera.

Dios no está buscando una versión editada de ti. Él ya conoce la verdadera, y aun así te ama.

Por eso no tengas miedo de presentarte delante de Él tal como eres. Es precisamente ahí, cuando dejamos de esconder lo que somos, donde comenzamos a experimentar más profundamente la obra de su gracia. 

Amigo/a, si hoy dejaras a un lado todos los “filtros” con los que intentas proyectar una mejor imagen, ¿qué área de tu corazón necesitaría más la gracia y la transformación de Dios?

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.