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Fecha de publicación 2 de ago. de 2026

✨ Un toque divino

Fecha de publicación 2 de ago. de 2026

Durante un tiempo mis suegros sirvieron en un hospital de Paraguay muy conocido por su especialización en el tratamiento de la lepra. Y recuerdo que la primera vez que fuimos a visitarlos porque vivían ahí mismo en el predio del hospital. En mi mente había este pensamiento ¿Qué tan contagiosa será la lepra? 

Al estar ahí fui invitado a predicar en la iglesia que hay ahí mismo, donde el personal del hospital así como pacientes podían acudir. Y debo confesar que al estar ahí cerca de los pacientes, no pude evitar sentir cierta inquietud.

La realidad es que esta enfermedad desde tiempos bíblicos viene con un estigma muy profundo. De hecho, en el tiempo de Jesús, quienes tenían esta enfermedad tenían que vivir fuera de las ciudades, y si se acercaban a la ciudad y a las personas tenían que hacerlo gritando; “¡Impuro! ¡Impuro!”

Para que todos tuvieran oportunidad de alejarse de él. ¿Te imaginas lo que esto hacía en el corazón de estas personas? Puedes imaginar el dolor, la soledad.

Imagina por un momento vivir así.

Ser evitado.Ser señalado.Sentir que tu sola presencia incomoda a los demás.

Así vivía el hombre de la historia que quiero contarte hoy, esta historia la encontramos en Marcos 1:40-45. No sabemos el nombre de este hombre, pero sabemos que al ver a Jesús, decidió acercarse con valentía y esperanza.

“Un hombre que tenía una enfermedad en su piel se acercó y, de rodillas, suplicó: Si quieres, puedes limpiarme.” (Marcos 1:40, RVR1960). 

Como puedes ver no dudaba del poder de Jesús. Dudaba de que Jesús quisiera acercarse a alguien como él. Porque las heridas profundas muchas veces nos hacen creer que somos demasiado rotos, demasiado sucios o demasiado lejos para recibir amor.

Pero una vez más vemos a Jesús ir mucho más allá de solo una sanidad física. Porque lo que Jesús hace a continuación, debió tener un impacto profundo en la vida de este hombre.

“Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre…”¡Qué impresionante!  ¿puedes imaginar lo que significó para este hombre que Jesús lo tocara? La profunda sanidad que debió traer a su corazón, y acto seguido Jesús le dice: “Si, quiero; queda limpio”.

Y al instante la lepra desapareció. Porque Jesús no solo tiene poder para sanar cuerpos; también tiene poder para restaurar corazones heridos por el rechazo.

Amigo/a, ¿hay alguna herida de rechazo o vergüenza que todavía estás cargando en silencio? ¿Cómo cambiaría tu vida si realmente creyeras que Jesús no se aleja de ti?

Me encanta la verdad que esta historia nos deja; Jesús todavía toca aquello que el mundo evita.

Su amor no retrocede delante de nuestras heridas.Su gracia no se intimida por nuestras cicatrices.Y lo que su mano toca, nunca vuelve a ser igual.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.