🫂 Un padre que sale al encuentro de los dos
Filipenses 2:6-7 nos dice que Jesús, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se rebajó voluntariamente y tomó la naturaleza de siervo.
Me encanta este pasaje porque nos muestra el corazón de Dios: el corazón de un Padre que no tiene problema en rebajarse con tal de encontrarnos, rescatarnos y llevarnos de nuevo a Él.
¿Sabes? Esa es la misma imagen que Jesús nos da en la parábola del hijo pródigo. Nos muestra a un padre que sale dos veces al encuentro de sus hijos, sin importarle rebajarse.
Con el hijo menor, cuando todavía estaba lejos, el padre corrió a su encuentro. En la cultura de la época de Jesús, que el jefe de una familia saliera corriendo así se consideraba algo completamente indigno.
Con el hijo mayor pasa lo mismo. El padre estaba a cargo de la fiesta, pero cuando se dio cuenta de que su hijo no quería entrar, dejó a sus invitados y salió a buscarlo. En esa cultura, también eso se consideraba indigno.
Este es el corazón del Padre. Las dos escenas nos muestran a un padre que sale a buscarnos donde estamos, por pura gracia y por amor. Un padre que se rebaja voluntariamente.
Esta es la historia de redención del Evangelio: Dios se hizo hombre y murió en una cruz de la peor manera. Todo para rescatarnos y salvarnos, para que nadie se pierda y todos puedan tener vida eterna, vida abundante, vida con Él.
Esta es la invitación de la parábola del hijo pródigo: que reflexiones sobre dónde estás hoy en tu relación con Dios. Y quiero recordarte algo: ya sea que te hayas ido lejos o que te hayas quedado cerca, pero con el corazón apagado, el Padre sale a tu encuentro. No importa dónde estés, Él ya está en camino hacia ti.
Esa es la escena más hermosa de esta historia. No es la conversión del hijo, ni su regreso, ni el momento en que recibe de nuevo su ropa y su anillo. Es el padre que sale al encuentro de sus dos hijos, sin importarle lo que piensen los demás. Es el corazón de un padre que ama profundamente a sus hijos.
Hoy quiero invitarte a verte una vez más en esta historia, a reconocer dónde estás y a ver al Padre saliendo a tu encuentro.
Permíteme orar para terminar: “Padre, gracias porque esta historia nos muestra tu corazón. Gracias porque nos muestra quién eres. Gracias porque nos invita a caminar de vuelta hacia Ti, a entregarte nuestro corazón y a correr hacia tus brazos, que están abiertos para nosotros. Señor, te pido que cada persona que está leyendo, viendo o escuchando este devocional pueda reconocer hoy que tiene un Padre que la ama profundamente, y que corra a tus brazos. En el nombre de Jesús, amén”.