👨👩👧👦 Un legado vive más allá de nosotros
Llegamos al final de esta semana. Espero que todo lo que hemos reflexionando haya sido de bendición para tu vida, pero también que te haya desafiado a vivir con una visión más amplia y con el deseo de dejar un legado eterno.
Porque la realidad es muy sencilla: Al final de la vida, las posesiones que hayamos acumulado tendrán poco valor. Lo que permanecerá serán las vidas que impactamos, la fe que transmitimos y las generaciones que ayudamos a acercarse a Dios.
Algo que me encanta de la historia de David es que aunque nunca llegó a ver terminado el templo con el que tanto había soñado, eso no le impidió dedicar sus últimos años a prepararlo todo para que la siguiente generación pudiera completar la obra.
Y aquí encontramos una de las lecciones más importantes de toda esta serie: Aunque David no construyó el templo, sí formó al hombre que lo construiría.
Eso es precisamente lo que hace una persona que entiende el valor de un legado. Comprende que su vida no se trata solamente de lo que puede lograr personalmente, sino también de lo que puede preparar para quienes vienen detrás.
Porque un legado no consiste únicamente en lo que haces para Dios. También consiste en lo que preparas para que otros continúen haciendo después de ti.
La cultura en la que vivimos nos enseña constantemente a preguntarnos:
· ¿Qué puedo obtener?
· ¿Qué puedo alcanzar?
· ¿Qué puedo acumular?
· ¿Qué puedo lograr para mí?
Pero el llamado del Reino de Dios nos lleva a una pregunta diferente:
¿Qué puedo dejar para otros?
¿Qué puedo sembrar hoy que bendecirá a futuras generaciones?
Por eso quiero hacerte esta pregunta, Amigo/a: ¿Qué quieres que permanezca después de ti?
David cometió errores importantes a lo largo de su vida. No fue un hombre perfecto. Sin embargo, al final de su vida, en los últimos capítulos de 1 Crónicas vemos a David guiando una vez más al pueblo para honrar y adorar a Dios. Incluso en sus últimos días, su corazón seguía apuntando a la gloria de Dios y al bienestar de la siguiente generación.
Y cuando la Biblia resume el final de su vida, dice:
“Murió muy anciano y entrado en años, en medio de grandes honores y riquezas, y su hijo Salomón lo sucedió en el trono.” (1 Crónicas 29:28, NTV).
David dejó una generación preparada para continuar la obra de Dios. Y ese es el desafío para cada uno de nosotros. Vivir de tal manera que, cuando nuestra historia llegue a su fin, otros puedan seguir caminando más cerca de Dios gracias a nuestra influencia.
Oremos: Señor, gracias por recordarme que mi vida tiene un propósito que va más allá de mí mismo. Ayúdame a invertir mi tiempo, mis recursos y mis esfuerzos en aquello que tiene valor eterno. Que pueda vivir de tal manera que las generaciones futuras sean bendecidas y que tu nombre sea glorificado a través del legado que deje. Amén.