🌳 Un jardín de agonía
¿Alguna vez has sentido tanta angustia por algo que tienes que enfrentar que eso consume todo tu pensamiento?
Como cuando esperas los resultados de un examen médico delicado, o cuando tienes que reconocer un error. ¿Sabes de qué estoy hablando? Todo el día estás pensando al respecto, te roba por completo la paz, la concentración y la atención.
Hace poco me pasó que tenía una conversación difícil delante de mí, y todo el día estuve pensando en eso, en cómo decir las cosas, imaginando diálogos en mi mente. Verdaderamente son momentos de lucha interna.
Hoy quiero llevarte a otro jardín, un jardín diferente, un jardín donde el hombre más importante de toda la historia, estaba teniendo este tipo de lucha interna. En sus palabras era tal la angustia que tenía que se sentía morir. ¿Te has sentido así?
Este jardín no es el Edén. No hay árboles hermosos descritos, no hay ríos fluyendo, no hay un ambiente de paz. Este jardín es el jardín de Getsemaní, donde nuestro Señor Jesús sudó sangre por la angustia y tristeza que sentía.
En este jardín, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios tomó una decisión muy diferente a la del primer hombre. Ahí donde Adán decidió hacer su voluntad, Jesús decidió rendir su voluntad.
La Biblia nos dice que Jesús tres veces oró lo siguiente: “Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mateo 26:39, NVI).
Jesús sabía perfectamente lo que tenía por delante. La cruz no le tomó por sorpresa, Él sabía lo que estaba a punto de sufrir por ti y por mí, y voluntariamente se rindió a la voluntad del Padre.
Y fue esta decisión de Jesús lo que empezó a revertir todo lo que se rompió en el Edén.
Getsemaní nos muestra que seguir a Dios no siempre será cómodo, pero siempre será redentor.
Amigo/a, quizá hoy tú estás en tu propio “Getsemaní”. Un momento donde obedecer a Dios es sumamente difícil. Donde rendirte cuesta. Donde hacer su voluntad no es fácil. Pero ahí mismo en ese lugar de lucha es donde nacen las decisiones que cambian tu historia.
Oremos: Señor enséñame a ser como Jesús. Enséñame a decir hágase tu voluntad y no la mía, enséñame a confiar en ti, aun en los momentos donde la angustia parece opacar todo lo demás. Amén.