• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
Fecha de publicación 11 de feb. de 2026

🗣 Un corazón sensible a su voz

Fecha de publicación 11 de feb. de 2026

Amigo/a, estoy seguro de que tú, al igual que yo, has vivido esto más de una vez: ese momento de la mañana cuando suena la alarma y solo tienes dos opciones: levantarte… o presionar “posponer”. Seguramente sabes de lo que hablo.

La primera vez el sonido es fuerte, molesto e imposible de ignorar. Sabes que debes levantarte. Pero cuando presionas “posponer” una y otra vez, el sonido sigue ahí, solo que ya no te incomoda igual. Poco a poco te acostumbras hasta que pierde su efecto.

De hecho, esta misma semana me pasó algo así. Me desperté y me di cuenta de que era mucho más tarde de lo que planeaba. Mi primer pensamiento fue: “No sonó la alarma”. Pero casi de inmediato recordé que, en realidad, sí sonó; solo que yo dejé de reaccionar a ella.

¿Sabes por qué te cuento esto? Porque ilustra perfectamente una verdad bíblica profunda. Mira lo que dice Hebreos 3:15: “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones…”.

Así como la alarma pierde su impacto cada vez que presionas “posponer”, de la misma manera tu corazón se va endureciendo cada vez que escuchas la voz de Dios y decides no obedecer o dejarlo para después, posponiendo tu respuesta.

Amigo/a, no le pongas “posponer” a la voz de Dios. Cada vez que lo haces, el corazón se vuelve un poco más duro. Y un corazón duro va perdiendo la sensibilidad para escuchar a Dios, como si poco a poco bajaras el volumen hasta que ya no se oye nada.

Y no es que Dios deje de hablar. Es que nosotros dejamos de escuchar.

Por eso, Amigo/a, si Dios te está hablando hoy —si te está llamando, corrigiendo, guiando o invitando a dar un paso— escúchalo hoy.No mañana, no después… hazlo hoy.

Oración: “Señor, dame un corazón sensible a tu voz. Ayúdame a obedecer sin posponer y a responder con fe cuando tú hablas. Amén.”

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.