• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
Fecha de publicación 15 de feb. de 2026

🤍 Un corazón limpio y una promesa eterna

Fecha de publicación 15 de feb. de 2026

Amigo/a, a lo largo de esta semana hemos aprendido algo fundamental: tu corazón importa.Hemos visto que puede engañarte, que debe ser cuidado, que puede endurecerse, que Dios puede darte uno nuevo, y que estás llamado a amar a Dios con todo el corazón y a buscarlo sin dividirte.

Hoy cerramos esta serie con una promesa sencilla y hermosa. Jesús dijo: “Bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8).

Un corazón limpio no es un corazón perfecto. Es un corazón sincero, sin máscaras, sin doble intención. Es un corazón que no pretende aparentar, sino que se rinde.Un corazón limpio no es el que nunca falla, sino el que siempre vuelve a Dios.

Y, ¿sabes lo más hermoso de todo? Saber que Dios mismo ha hecho posible todo lo que hemos visto. Por nosotros mismos no podríamos; sería imposible para ti y para mí caminar con un corazón limpio, porque por naturaleza somos pecadores. Pero Dios, en su amor y gracia, envió a Jesús, quien con su sacrificio nos ha limpiado.

Él ya lo hizo posible.

Y cuando el corazón es limpiado por Dios, nuestra mirada cambia. Empezamos a ver a Dios obrando donde antes solo veíamos rutina, dolor o confusión.

Por eso Jesús dice que los de corazón limpio verán a Dios. No porque Dios esté lejos, sino porque un corazón contaminado no puede reconocer su obra, mientras que un corazón limpio tiene ojos espirituales para discernir su presencia.

Amigo/a, después de todo lo que hemos visto esta semana, la pregunta es: ¿estás listo/a para entregar tu corazón por completo a Aquel que ya lo dio todo por ti?

Mi oración es que surja en ti un anhelo profundo por vivir esta rendición; que haya un fuego en tu corazón que no se apague, y que cada día puedas decir, como los discípulos que caminaron con Jesús por el camino a Emaús: “¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba?”

¡Que cada día de tu vida tu corazón arda por Dios, en el nombre de Jesús! Amén.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.