🚀 Tu generosidad impulsa la misión
En 1793, William Carey, quien hoy es conocido como el padre de las misiones, estaba a punto de ir a la India como misionero. Pero antes de irse dijo estas palabras a sus amigos:
“Voy a descender al pozo, pero ustedes deben sostener las cuerdas.”
Durante los siguientes 40 años de ministerio, Carey dejó una huella profunda tanto espiritual como social. Además de predicar el evangelio y ayudar a establecer iglesias, tradujo la Biblia o partes de ella a decenas de idiomas y dialectos de la India, promovió la alfabetización, fundó escuelas, impulsó la educación para mujeres, contribuyó al desarrollo de la imprenta y apoyó reformas sociales.
Su visión era que el evangelio transformara a los individuos y también a comunidades enteras. Por su influencia en movilizar a la iglesia hacia los pueblos no alcanzados, es conocido como el "padre de las misiones modernas".
Debo confesarte que esta imagen me conmueve profundamente.
Hace algunos años, cuando mi esposa y yo respondimos al llamado de Dios para servirle en la misión que tenía para nuestras vidas, utilizamos precisamente esta ilustración para invitar a nuestros amigos a caminar con nosotros. Porque entendíamos algo muy sencillo: nadie puede descender al pozo solo.
El que baja necesita de quienes sostienen las cuerdas. Y quienes sostienen las cuerdas participan activamente en la misión, aunque nunca abandonen su hogar.
Por eso tengo amigos en Paraguay que son parte de la misión de Dios aquí en México. Y de la misma manera, nuestra iglesia en México apoya y ora por misioneros que sirven en Angola y Mozambique. Aunque nunca hemos vivido allí, de alguna manera también formamos parte de lo que Dios está haciendo en esos lugares.
¡Así es como funciona el Reino de Dios!
Amigo/a, ¡esta es la forma en que nos convertimos en colaboradores de Dios y de su evangelio en el mundo entero!
Eso fue exactamente lo que sucedió con el apóstol Pablo. Aunque Pablo fue quien recorrió ciudades, plantó iglesias y anunció el evangelio, hubo una iglesia que decidió acompañarlo y sostenerlo en esa misión. Era la iglesia de Filipos.
Por eso Pablo les escribió: “Ninguna iglesia participó conmigo en mis ingresos y gastos, excepto ustedes” (Filipenses 4:15, NVI).
Me llama la atención que Pablo no habla simplemente de una ayuda económica. Habla de participación. Por eso, Amigo/a, hoy quiero animarte a preguntarte:
¿Qué pasaría si mi generosidad pudiera ayudar a que una persona más escuchara acerca de Jesús?