⬆️ Toda influencia apunta al Padre
Una de las cosas que más me impactan de la vida y el ministerio de Jesús es que, al leer los Evangelios, encuentro una constante. Una y otra vez, después de escuchar sus enseñanzas o de presenciar sus milagros, la respuesta de las personas era glorificar a Dios.
Jesús nunca buscó llamar la atención hacia sí mismo. Con cada palabra que decía y con cada milagro que hacía, dirigía la mirada de las personas hacia su Padre.
Y tú y yo, como sus seguidores, hemos sido llamados a hacer lo mismo.
Creo que por eso las dos metáforas que hemos estado estudiando esta semana son tan profundas.
Ni la sal ni la luz existen para llamar la atención sobre sí mismas, sino para transformar todo aquello con lo que entran en contacto.
Nadie prueba una comida y dice: “¡Qué buena sal!”. Lo que realmente disfruta es el sabor de la comida. Y cuando una habitación está completamente iluminada, pocas veces pensamos en la lámpara. Lo que agradecemos es poder ver con claridad.
De la misma manera, nuestra vida no debe apuntar hacia nosotros, sino hacia Jesús.
Por eso Él termina diciendo: “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” Mateo 5:16
Amigo/a, tú y yo fuimos llamados a vivir de tal manera que nuestra vida lleve a otros a Jesús, la verdadera fuente de la luz. La meta es que, al ver nuestra manera de vivir, puedan descubrir el amor de Dios y darle gloria a Él.
Al terminar esta serie, quiero animarte a que no olvides estas dos imágenes que Jesús nos dejó.
Cada vez que te sientes a la mesa y pruebes la sal en tus alimentos, recuerda que has sido llamado a llevar el sabor del evangelio a cada lugar donde Dios te ha puesto.
Y cada vez que enciendas una lámpara o una luz en tu casa, recuerda que también has sido llamado a alumbrar en medio de la oscuridad, reflejando la luz de Cristo a quienes te rodean.
No necesitas hacer cosas extraordinarias para influir en otros.
Basta con ser fiel allí donde Dios te ha puesto.
- Una palabra de ánimo.
- Un acto de generosidad.
- Una decisión íntegra.
- Una conversación acerca de Jesús.
Dios puede usar cualquiera de esas cosas para acercar a alguien a Él.
Mi oración es que, que tu vida lleve el sabor del evangelio, refleje la luz de Cristo y, sobre todo, haga que muchas personas glorifiquen al Padre.