• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
Fecha de publicación 9 de abr. de 2026

🕹️ Suelta el deseo de controlar

Fecha de publicación 9 de abr. de 2026

Hace poco, aquí en Guadalajara, vivimos un día de pesadilla. Seguro lo viste en las noticias.

Mientras nos preparábamos para alabar a Dios y escuchar su Palabra en el servicio dominical, una familia llegó diciendo que la ciudad estaba en caos: camiones incendiados en distintos puntos del país.

Siendo sincero, no era la primera vez que algo así sucedía, así que inicialmente decidí continuar con el servicio. Pero pronto comenzaron a llegar llamadas: personas de la congregación avisando que estaban atrapadas en el tráfico. Incluso el predicador de esa mañana nos dijo que intentaría regresar a su casa.

En cuestión de minutos, todos empezaron a recibir llamadas de familiares preocupados. Decidimos orar y terminar el servicio antes de tiempo para que cada uno pudiera volver a casa. El resto del día lo pasamos viendo las noticias, observando cómo los disturbios se acercaban cada vez más a nuestra zona… hasta que incendiaron un establecimiento a solo cinco minutos de nuestra casa. Si te soy honesto, esa noche casi no dormí.

Cada sonido me hacía despertar en alerta, temiendo lo peor. Y los días siguientes fueron días de ansiedad, días de preguntarnos si era prudente salir o no salir.

La ansiedad es un sentimiento complicado. Es, en muchos sentidos, el deseo de controlar lo que nunca estuvo en tus manos. Pero la realidad es que, por más que te preocupes, por más miedo o angustia que sientas, no puedes controlar absolutamente nada.

Pero aun en medio de situaciones como la que vivimos —y que seguimos viviendo, porque no es que todo simplemente se haya calmado—, el Salmo 139 me recordó una verdad hermosa: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos” (Salmo 139:16 NVI).

Tú y yo no podemos controlar el futuro, pero sí podemos confiar en Aquel que ya lo escribió. Con esto en mente, déjame preguntarte:

Amigo/a, ¿por qué estás ansioso/a? ¿Qué te causa preocupación o miedo en este momento?

El Salmo 139 hoy te recuerda algo profundamente consolador: Dios ya estuvo en todos tus mañanas. Y si Él ya está ahí, puedes descansar hoy.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.