🎯 Que esta sea tu meta principal
Como ya sabes, esta semana nuestra serie tiene un propósito claro: prepararnos para comenzar el año fortaleciendo nuestra fe y creciendo en ella.
Ayer hablábamos de lo importante que es poner a Jesús en el centro de nuestras decisiones. No solo porque eso fortalece tu fe, sino porque nos permite caminar en la dirección correcta: la que Dios preparó para nosotros.
Cuando Jesús ocupa el primer lugar, todo se ordena. Tus metas se vuelven más claras y tus decisiones, más sabias.
Hoy quiero invitarte a dar un paso más: hacer de esto tu visión personal.
La fe no crece automáticamente; necesita ser cultivada. Es como una semilla que, si se riega con constancia, echa raíces profundas y da fruto, incluso en medio de las tormentas.
La Biblia dice: “Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos. Profundicen en Él y edifiquen toda su vida sobre Él. Entonces su fe se fortalecerá en la verdad que se les enseñó” (Colosenses 2:7).
Profundizar en Jesús y edificar tu vida sobre Él significa pasar tiempo a Su lado: leer Su Palabra, orar, recordar Sus promesas, confiar en Su amor y morir a los deseos de la carne.
Habrá días de desánimo, dudas o cansancio, pero justamente en esos momentos es cuando más necesitas acercarte a Dios. Cada pequeña decisión de buscarlo es una semilla que fortalece tu fe.
La fe se construye en lo cotidiano: cuando eliges confiar en lugar de preocuparte, agradecer en lugar de quejarte y creer incluso cuando no ves el resultado.
Tener una visión clara de tu deseo de crecer en la fe te ayudará a ser intencional, a mantener el enfoque y a dar pasos que te acerquen a esa vida plena que Dios planeó para ti.
Amigo/a, ¿cómo imaginas una vida donde tu fe sea el motor de todo lo que haces?