🤷🏻♀️ ¿Qué te falta?
Hay temporadas en las que resulta difícil no enfocarse en lo que nos falta. ¿Te ha pasado?
Más de una vez me he encontrado mirando una situación y pensando: “Si tuviera más tiempo, recursos o más experiencia, las cosas serían diferentes”. Sin darme cuenta, empiezo a hacer una lista mental de todo aquello que no tengo.
Y es curioso, porque cuanto más miro la falta, más grande parece.
Con el tiempo he aprendido que, cuando toda nuestra atención está puesta en las limitaciones, es fácil perder de vista quién es Dios. Nos concentramos en los recursos en lugar de mirar al Creador. Medimos nuestras posibilidades y olvidamos que para Él nada es imposible.
Por eso me gusta tanto la historia de las bodas de Caná. Cada vez que la leo, encuentro un recordatorio de lo que Jesús vino a hacer en nuestras vidas.
Allí hubo un problema real y, desde una perspectiva humana, ninguna solución a la vista.
Sin embargo, aquello que parecía una situación sin salida se convirtió en el escenario perfecto para que Jesús revelara su gloria.
Amigo/a, tal vez hoy estés enfrentando una situación parecida. Quizás sientes que se acabaron tus fuerzas, tus recursos, tu paciencia o incluso tu esperanza. Pero las bodas de Caná te recuerdan que Jesús suele obrar precisamente en esos lugares, donde sentimos que ya no queda nada.
Por eso, cuando medito en este pasaje, veo a un Dios que no está limitado por la escasez. Veo a Aquel que puede crear donde no hay, abrir caminos donde no los vemos y hacer mucho más de lo que alcanzamos a imaginar.
Y entonces, vuelvo a recordar que el mismo Jesús que suplió lo que faltaba en aquella boda, sigue obrando hoy. No sé qué milagro necesitas en este momento. Pero si quiero decirte: Jesús sigue siendo suficiente.
Y está es su promesa para ti: “Dios puede hacer mucho más de lo que jamás podríamos pedir o imaginar gracias a su gran poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20, TLA).