⚖️ ¿Qué clase de justicia anhelas?
¿Alguna vez te ha pasado algo profundamente injusto? ¿Y cómo respondiste?
Cuando atravesamos situaciones así y pensamos en justicia, ¿cómo se ve la justicia para nosotros?
Si hoy buscas la palabra "justicia" en un diccionario o en internet, probablemente encontrarás una definición como esta: la justicia es dar a cada uno lo que le corresponde o lo que merece. Bajo esa definición, si alguien comete una injusticia contra nosotros, lo que queremos es que reciba su merecido.
En otras palabras, muchas veces lo que realmente deseamos es ver sufrir a quien nos hizo daño.
Pero cuando vamos a la Biblia, descubrimos que la justicia de Dios es mucho más profunda que simplemente dar a cada quien lo que merece. De hecho, basta con mirar la historia de salvación y las buenas noticias del evangelio para darnos cuenta de que Dios entiende la justicia de una manera muy distinta.
La justicia de Dios tiene que ver con reconciliación y redención.
No se trata solamente de castigar el mal, sino de restaurar lo que está roto. Tiene que ver con restaurar relaciones: específicamente nuestra relación con Dios y nuestra relación con los demás.
Por eso, la justicia bíblica puede entenderse como vivir correctamente delante de Dios y correctamente con los demás, reflejando el carácter santo, recto y compasivo de Dios.
Y es precisamente por eso que Jesús es la máxima expresión de la justicia de Dios. Porque a través de su vida, muerte y resurrección, Dios satisface su perfecta santidad y, al mismo tiempo, ofrece gracia y perdón a la humanidad.
Entonces, ¿qué es la gracia? Gracia es recibir de Dios lo que NO merezco.
¿Puedes ver la diferencia?
La lógica humana dice: “Que reciba lo que merece.
La lógica del evangelio dice: “Cristo recibió lo que yo merecía, para que yo recibiera lo que no merecía.”
Eso cambia por completo nuestra manera de entender la justicia. Ahora, ¿por qué te cuento todo esto? Porque la siguiente bienaventuranza dice: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mateo 5:6, RVR1960).
Tener hambre y sed de justicia no es solamente desear que el mal sea castigado. También significa anhelar que lo roto sea restaurado. Significa desear vivir bien delante de Dios y en paz con los demás. Significa anhelar relaciones reconciliadas, corazones restaurados y una vida marcada por el perdón.
Amigo/a, ¿tienes hambre y sed de justicia… pero de la justicia de Dios? En otras palabras: ¿Qué tanto deseas estar bien delante de Dios y bien con los demás? ¿Qué tanto anhelas vivir reconciliando, perdonando y restaurando cada vez que tienes la oportunidad?