• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
Fecha de publicación 17 de ago. de 2026

🚶🏻 Paso a Paso

Fecha de publicación 17 de ago. de 2026

¿Alguna vez comenzaste una rutina de ejercicios con mucho entusiasmo? Compras todo lo necesario, preparas tu ropa y estás convencido de que esta vez no vas a rendirte. El primer día entrenas con todas tus fuerzas, pero después pasan unos días, surgen otras ocupaciones y, poco a poco, la rutina queda olvidada.

A mí me ha pasado. He comprobado que entrenar intensamente un solo día no produce grandes cambios. El cuerpo se fortalece cuando repetimos pequeños esfuerzos de manera constante: una caminata, algunos ejercicios o unos minutos de movimiento cada día. Quizás parezca poco, pero con el paso del tiempo los resultados comienzan a notarse.

En nuestra vida espiritual sucede algo parecido. No crecemos solo por haber vivido un momento especial con Dios, asistir a una conferencia o escuchar un mensaje que nos emocionó. Esos momentos pueden impulsarnos, pero la verdadera transformación ocurre cuando aprendemos a buscar a Dios y a obedecerle de manera constante.

Jesús dijo: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lucas 16:10, RVR1960).

La constancia es lo que nos hace crecer en nuestra vida espiritual: dedicar unos minutos a su Palabra, detenernos para orar, obedecer una dirección del Espíritu Santo o escoger una actitud correcta cuando nadie nos está mirando.

Amigo/a, no desprecies los pequeños pasos. Quizás hoy no puedas dedicar una hora a la oración, pero puedes comenzar con diez minutos. Quizás no puedas leer varios capítulos de la Biblia, pero puedes meditar profundamente en un versículo. Lo importante no es hacer mucho desde el principio, sino aprender a permanecer.

Durante esta semana descubriremos siete hábitos que pueden ayudarte a crecer de manera firme y constante en tu relación con Dios.

Oremos: “Señor, ayúdame a ser fiel en las pequeñas decisiones de cada día. Enséñame a buscarte con constancia y a no desanimarme cuando los resultados no sean inmediatos. Quiero crecer, conocerte más y permanecer cerca de ti. En el nombre de Jesús. Amén”.

Te llevo siempre en mi corazón.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Lorena Fitzgerald
Author

Formo parte del Ministerio de la Mujer de mi iglesia y hago coaching con mujeres. Disfruto compartir y ayudar a otros en su viaje espiritual.