📖 No se trata de cuánto lees
¿Hay algún libro de la Biblia que disfrutes? Quizás encuentras consuelo en los Salmos, sabiduría en Proverbios o te gusta leer los Evangelios porque te permiten conocer de cerca a Jesús.
Durante mucho tiempo pensé que leer la Biblia consistía en avanzar por sus capítulos y completar una lectura. Sin embargo, he aprendido que no se trata solo de recorrer sus páginas, sino de detenerme, meditar y permitir que lo que leo penetre en mi corazón y transforme mis decisiones.
Uno de los personajes bíblicos que comprendió esto fue Esdras. La Biblia dice que él “había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esdras 7:10, RVR1960).
Me llama la atención el orden de este versículo. Esdras decidió buscar la Palabra, ponerla en práctica y después compartirla. No quería acumular conocimiento; quería vivir aquello que Dios le enseñaba.
He aprendido que no necesito leer muchos capítulos para que Dios me hable. A veces, unos pocos versículos leídos con atención bastan para corregir mi actitud, renovar mis pensamientos o darme dirección.
Amigo/a, leer la Biblia constantemente puede cambiar tu vida. Quizás no recuerdes cada versículo ni comprendas todo de inmediato, pero cada vez que te acercas a la Palabra, Dios siembra su verdad en ti y esa verdad te transforma.
Por eso, cuando leo, procuro preguntar: “Señor, ¿qué quieres enseñarme hoy y cómo lo pongo en práctica?"
Tres palabras para recordar: lee, medita, obedece. Cuando la Palabra deja de ser una obligación y se convierte en un hábito diario, deja de ser algo que solo conoces y comienza a ser algo que vives.
¿Oramos juntos? “Señor, despierta en mí amor por tu Palabra. Ayúdame a ser constante, a meditar en lo que me enseñas y a obedecerte. Que tu verdad transforme mi vida. En el nombre de Jesús. Amén”.