🪓 No lo maté, solo lo destruí
¡Qué alegría compartir una semana más contigo! Como siempre, mi oración es que estas palabras puedan traer bendición a tu vida y animarte a seguir creciendo en tu relación con Dios.
Esta semana quiero continuar este recorrido que estamos haciendo por el Sermón del Monte, una de las enseñanzas más conocidas de Jesús. En esta ocasión estaremos viendo su invitación a vivir transformados de adentro hacia afuera, enfocándonos menos en lo que hacemos y mucho más en quiénes somos.
Amigo/a, la invitación para los siguientes días es examinar nuestro corazón. ¿Te animas?
Jesús empieza esta sección diciendo lo siguiente:
“Han oído que a nuestros antepasados se les dijo: ‘No asesines. Si cometes asesinato quedarás sujeto a juicio’. Pero yo digo: aun si te enojas con alguien, ¡quedarás sujeto a juicio! Si llamas a alguien idiota, corres peligro de que te lleven ante el tribunal; y si maldices a alguien, corres peligro de caer en los fuegos del infierno.” (Mateo 5:21-22, NTV).
“Si te enojas con alguien…”
¿Qué te parecen estas palabras? Es más, déjame preguntarte algo: ¿te has enojado con alguien esta semana? Jesús comienza abordando lo que hoy en día es quizá uno de los problemas más extendidos de nuestra sociedad: el enojo.
Tan solo hoy vi en las noticias que, no muy lejos de donde vivo, en un local de tacos, unas personas armadas llegaron y mataron a varias personas. Y lo más triste es que esta no es una noticia aislada. Casi cada semana escuchamos alguna historia parecida.
Cuando veo cosas así, recuerdo las observaciones del autor Dallas Willard acerca de cómo muchas personas andan cargando con una reserva de enojo.
Y quizá ese enojo acumulado está detrás de muchas de las cosas terribles que vemos a nuestro alrededor. Pero tal vez esto todavía te parece muy lejano. Quizá tú digas: “Bueno, yo nunca he matado a nadie, ni pienso hacerlo”.
Y precisamente ahí es donde las palabras de Jesús nos llevan más profundo. Jesús no se queda solamente con la acción externa sino que lleva nuestra mirada hasta el corazón, hasta el espíritu de la ley.
Es como si dijera: “No basta con que nunca hayas quitado la vida de alguien. Mira lo que está pasando dentro de ti.” Porque el enojo, cuando lo alimentamos y permitimos que crezca, puede convertirse en desprecio. Y ese desprecio puede expresarse en las palabras, miradas, actitudes y acciones.
Y aunque quizá nunca llegues a quitar la vida a alguien, sí puedes herirla profundamente. Incluso puedes destruir algo dentro de ella con tus palabras o actitudes.
Entonces, ¿has actuado bajo el enojo en estos días? ¿Has lastimado con tus palabras, acciones o actitudes a alguien cercano a ti?
Jesús hoy te invita a preguntarte de dónde viene ese enojo y a reconocer aquello que has estado acumulando en tu interior.