😉 ¡No lo ignores!
Seguro te pasó alguna vez: estás manejando o caminando por la calle y el GPS te indica un camino. Pero piensas: “Por aquí voy más rápido”. Decides ignorarlo… y, a los pocos minutos, estás atrapado en el tráfico o dando una vuelta innecesaria. Entonces te das cuenta: “Debí haber seguido la indicación”.
Algo muy parecido sucede en nuestra vida espiritual. Como hijos de Dios, necesitamos la guía de su Espíritu para tomar decisiones todos los días: qué decir, cuándo callar, a qué decir que sí, cuándo avanzar o cuándo esperar.
La Biblia dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.” (Romanos 8:14, NVI)
Ser guiados por el Espíritu no es un privilegio para unos pocos “más espirituales”. Es la evidencia de que somos hijos. Un hijo reconoce la voz de su Padre. Un hijo aprende a depender. Un hijo confía, incluso cuando no entiende todo el recorrido.
A veces no es que Dios guarde silencio; es que el ritmo acelerado de la vida nos distrae. Nos acostumbramos a decidir rápido, a reaccionar, a resolver todo por nuestra cuenta. Sin darnos cuenta, dejamos de hacer pausas para preguntarle: “Espíritu Santo, ¿qué quieres mostrarme hoy?”.
Ser guiados por el Espíritu comienza con una decisión: rendirnos a Él. Es reconocerlo en todos tus caminos. Es aprender a parar, a escuchar y a seguir su dirección.
Hoy quiero animarte a caminar de la mano del Espíritu Santo. Amigo/a, pregúntate con honestidad: ¿a quién estás dejando que guíe tus decisiones? Y dale al Espíritu Santo el lugar que le corresponde.
Oremos juntos: Espíritu Santo, hoy reconozco que muchas veces he seguido mis propios caminos. Te invito a guiar mis decisiones, mis pensamientos y mis pasos. Quiero aprender a escucharte y a confiar en tu dirección. En el nombre de Jesús, amén.