🗺 ¡No estás lejos!
¿Qué haces cuando oras durante años y nada parece cambiar?
En el documental Milagros, hay un testimonio que me tocó profundamente. Es la historia de una mujer que, después de tener a su hijo, comenzó a vivir con un dolor constante que se extendió por 16 años. Pasó por 14 cirugías buscando alivio, pero ninguna pudo darle la respuesta que esperaba.
Humanamente, todo indicaba que no había salida. Todo indicaba que así sería su vida para siempre. Pero ella tomó una decisión: no dejar de creer.
Aun en medio del dolor, siguió orando sin cesar, confiando en que su sanidad llegaría.
No fue rápido. No fue fácil. Fue un camino largo de fe perseverante. Hasta que un día sintió en su corazón que debía asistir a una conferencia específica. Allí, mientras un pastor oraba, recibió lo que había esperado durante tantos años: su sanidad completa. El dolor desapareció instantáneamente.
Hoy, ella dedica su vida a orar por los enfermos y a predicar el evangelio.
Cuando leemos, Romanos 4:18–19, encontramos un principio espiritual que se refleja claramente en esta historia. Abraham “no se debilitó en la fe, aunque su cuerpo ya estaba como muerto”.
La fe verdadera no ignora el paso del tiempo, pero tampoco se deja definir por él. Abraham no permitió que los años apagaran la promesa.
Muchas veces pensamos que, porque pasó mucho tiempo, ya no será. Pero en el Reino de Dios, la demora no es negación. Dios no trabaja con relojes humanos; Él trabaja con propósitos eternos. La espera no cancela tu milagro; muchas veces lo prepara.
El milagro sucede cuando ponemos nuestros ojos en Jesús y no en nuestras circunstancias. Eso es exactamente lo que Abraham hizo.
Amigo/a, hoy quiero animarte a esto: pon tus ojos en Jesús. Y aun si has orado por años y no has visto respuesta, recuerda esto… ¡Tal vez no estás lejos. Tal vez estás a la puerta!