⛓️ No eres prisionero
Puedes haber sido liberado por Cristo y, aun así, seguir viviendo atado a una herida.
Durante mucho tiempo me decía a mí misma: “Soy libre”. Sin embargo, en lo profundo de mi corazón todavía guardaba rencor, dolor y falta de perdón. Había entregado mi vida a Dios, pero seguía permitiendo que lo que alguien me había hecho ocupara un lugar demasiado grande dentro de mí.
Una mañana, mientras pasaba tiempo a solas con Dios y leía su Palabra, este versículo trajo luz a mi corazón:
“Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” (2 Corintios 5:17, NTV).
Comprendí que, cuando nací de nuevo, Cristo me hizo completamente nueva.
Eso también significaba que ya no tenía que continuar reaccionando desde mis antiguas heridas. No estaba condenada a vivir dominada por el resentimiento ni encadenada a lo que había sucedido. En Cristo había recibido una nueva identidad y una nueva manera de vivir.
Vivir como una nueva creación significa aprender a pensar de manera diferente. Ya no se trata de intentar arreglarnos con nuestras propias fuerzas, sino de caminar en lo que Cristo ya hizo por nosotros.
Amigo/a, quizás todavía sientas dolor cuando recuerdas lo sucedido. Y te entiendo. Por eso te aliento hoy a tomar una decisión sencilla: entregar esa herida a Dios y pedirle que te ayude a perdonar, de la misma manera que Él te perdonó a ti.
No eres prisionero de lo que te hicieron. En Cristo eres totalmente nuevo.
Oremos juntos: “Señor Jesús, vengo delante de ti para darte gracias por perdonarme y hacerme nueva. Gracias por amarme tanto. Hoy quiero soltar a quienes me han dañado, ofendido o maltratado. Jesús, te pido que me enseñes a perdonar de la misma manera en que tú me perdonaste. Haz que tu amor sea real a través de mí. En tu nombre, Jesús. Amén”.