🪞 No eres lo que hiciste ni lo que dijeron de ti
¿Quién soy realmente? Durante años busqué la respuesta en la manera en que los demás me veían y terminé midiendo mi valor según mis logros y mis errores. Cuando algo salía bien, me sentía valiosa; pero, cuando fallaba, comenzaba a dudar de mí misma.
Quizás a ti también te haya sucedido. Sin embargo, nuestra verdadera identidad no se encuentra en lo que logramos, en nuestros errores ni en la opinión de los demás, sino en Jesús.
Después de leer el Evangelio de Juan y descubrir quién es Él, es natural preguntarnos: ¿qué cambia en mi vida ahora que lo conozco? La carta a los Efesios nos ayuda a responder esa pregunta, porque nos revela quiénes somos ahora que pertenecemos a Cristo.
Pablo escribió a creyentes que vivían en medio de una cultura con valores muy diferentes a los del evangelio. Sin embargo, antes de enseñarles cómo debían vivir, comenzó recordándoles quiénes eran y todo lo que Dios ya había hecho por ellos: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual… en Cristo” (Efesios 1:3, RVR1960).
Amigo/a, Pablo quería que comprendieran todo lo que habían recibido y que su nueva identidad estaba en Jesús. En Cristo hemos sido escogidos, adoptados, perdonados y amados. ¿No es maravilloso? Nosotros también necesitamos dejar de definirnos por nuestro pasado, nuestro rendimiento o la aprobación de los demás, y comenzar a mirarnos a través de la gracia de Dios.
Pero conocer estas verdades no es suficiente; necesitamos permitir que echen raíces en nuestro corazón. Por eso, cuando termines Juan, dedica seis días a leer Efesios: un capítulo por día. Antes de comenzar, pregúntale a Dios: “¿Qué revela este capítulo acerca de quién soy en Cristo?”
Luego, subraya una frase y escríbela en primera persona: “En Cristo soy perdonado”. Pregúntate: ¿qué mentira sobre mí necesito reemplazar hoy por esta verdad? No leas solo para obtener información; permite que la Palabra transforme la manera en que te ves.