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Fecha de publicación 10 de sep. de 2026

🏁 Nadie llega por accidente

Fecha de publicación 10 de sep. de 2026

Como te he contado antes, desde hace un tiempo practico CrossFit. Es algo que disfruto mucho y que, además de ayudarme a mantener una buena condición física, me reta constantemente. Sin embargo, cada verano suele pasar lo mismo. Entre campamentos, actividades de la iglesia, viajes y otras responsabilidades, dejo de entrenar durante algunas semanas.

Por eso, no es sorpresa que el otro día, mientras hacía algo de actividad física terminara lastimándome. La realidad es que, si no estamos practicando algún deporte, o entrenando en algún ejercicio, es muy difícil de la nada querer hacer algo que requiere fortaleza física.

Por ejemplo, ¿crees que alguien puede levantarse un día de la cama y decidir correr un maratón de 42 kilómetros... sin haber entrenado nunca?

Probablemente no llegue muy lejos.

No porque le falten ganas, sino porque su cuerpo no ha sido preparado para hacerlo. No es que no sea posible, simplemente no está preparado.

Y ¿sabes? con nuestra vida espiritual sucede algo muy parecido. Muchas veces queremos tener paciencia, sin ejercitarnos en ella. Queremos vencer la tentación, sin cambiar los hábitos que nos llevan a caer. Queremos parecernos a Jesús, sin pasar tiempo con Jesús.

Por eso Jesús dice claramente; “…pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos.” (Mateo 5:19, NTV).

Jesús no dijo: “el que conozca estos mandamientos”.

Tampoco dijo: “el que admire estos mandamientos”.

Él dijo: “el que los practique”. La palabra practicar implica repetir, ejercitar, perseverar. Habla de una persona que decide, día tras día, formar una nueva manera de vivir.

Amigo/a, Dios hace la obra en tu corazón, pero tú debes decidir caminar con Él cada día. No puedes pedirle que transforme tu carácter mientras sigues alimentando los mismos hábitos que te alejan de Él.

Tal vez llevas tiempo orando para vencer un pecado, tener más dominio propio o crecer en tu relación con Dios. Sigue orando. Pero pregúntate también: ¿Qué estoy practicando cada día?

Porque, al final, nuestros hábitos terminan formando nuestro carácter.

La buena noticia es que Jesús no espera que cambies de un día para otro. Él simplemente te invita a caminar con Él hoy. Cada momento de oración, cada decisión de obedecer, cada vez que eliges perdonar o confiar en Dios, está formando poco a poco el carácter de Cristo en ti. 

¿Qué tal si piensas en esto? ¿Qué hábito está formando hoy tu corazón para parecerte más a Jesús? ¿Y qué hábito está haciendo exactamente lo contrario?

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.