🧩 Lo que sólo Jesús puede completar
¡Saludos y bendiciones! Como siempre, es un gusto saludarte y comenzar una nueva semana juntos.
Estoy muy emocionado de seguir compartiendo contigo las enseñanzas del Sermón del Monte. Mi oración es que, mientras recorremos esta serie de devocionales, puedas escuchar la voz de Jesús hablando de manera personal a tu vida.
¿Sabes? Ayer viví una situación con un chico a quien acompaño en su caminar con Dios, que me hizo recordar algo: hay momentos en los que nuestra vida espiritual no está tan bien como parece. Hace aproximadamente 15 años que empecé a predicar la Palabra de Dios.
Y, siendo muy sincero contigo, algunos de los momentos más difíciles han sido aquellos en los que me ha tocado predicar mientras por dentro, estaba luchando con mi propia fe.
Había ocasiones en las que externamente todo parecía estar bien, pero mi corazón estaba cansado, confundido o enfrentando diferentes luchas. En esos momentos sentía que estaba viviendo una fe "a medias".
¿Te ha pasado alguna vez? ¿Has sonreído por fuera mientras por dentro no te sentías bien? ¿Has seguido haciendo lo correcto, pero con un corazón que necesitaba ser restaurado?
Creo que todos, en algún momento, hemos vivido algo así.
Y precisamente ahí comienzan las palabras de Jesús en el Sermón del Monte: “No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos, sino a cumplirlos.” (Mateo 5:17, RVR1960).
Cuando Jesús dice que vino a cumplir la Ley, la palabra que utiliza también significa llenar, completar o llevar algo a su máxima plenitud. Jesús no vino a borrar lo que Dios había hecho antes. Vino a completar una historia que siempre había apuntado hacia Él.
Mientras meditaba en este pasaje, no pude evitar hacerme una pregunta: ¿Será que muchas veces también vivimos una fe “a medias”?
Creo que eso sucede cuando todavía hay áreas de nuestro corazón que no hemos rendido completamente a Dios. Tal vez le hemos entregado algunas habitaciones de nuestra vida, pero seguimos manteniendo otras bajo nuestro control.
La buena noticia es que Jesús no vino solamente a enseñarnos cómo vivir mejor. Vino a cumplir la obra de Dios. Él restaura lo que el pecado rompió. Él llena los espacios vacíos de tu corazón con su gracia, su verdad y su vida.
Tal vez hoy tu matrimonio, tu manera de reaccionar, tus pensamientos o incluso tu relación con Dios se sienten "a medias". No te desanimes. Jesús sigue haciendo hoy lo mismo que hizo hace dos mil años: completar la obra que solo Él puede completar.
Para terminar, te invito a reflexionar en esta pregunta: ¿Hay alguna área de tu vida que todavía no has rendido completamente a Jesús?
Amigo/a, hoy puede ser el día en el que decidas rendirlo todo a él.