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Fecha de publicación 25 de ago. de 2026

🚫 La sal que frena la corrupción

Fecha de publicación 25 de ago. de 2026

¿Sabes? Muy seguido me pasa cuando me toca cocinar en casa que se me olvida ponerle sal a la comida. Y hasta ahora, en cada ocasión, ha sido muy evidente al empezar a comer que la olvidé. La sal es un elemento tan pequeño que muchas veces pasa desapercibido, pero cuando no está, todos lo notan.

El día de ayer terminábamos reconociendo que nuestro llamado como discípulos de Jesús es a ser influencia en nuestra sociedad. Pero, ¿qué significa esto? ¿Cómo debemos influir?

Bueno, Jesús, en su genialidad, utiliza dos metáforas tomadas de cosas muy comunes, tanto en su tiempo como en el nuestro: la sal y la luz. Son elementos que forman parte de la vida diaria y que encontramos prácticamente en cualquier hogar.

Y Jesús los usa para decirnos: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo lo recobrará? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee.” Mateo 5:13

¡Tú y yo somos llamados a ser la sal de la tierra!

La sal es un elemento importante en nuestra vida, pero ¿sabías que en los tiempos de Jesús lo era aún más? Era un producto muy valioso y tenía muchos usos. Se utilizaba para sazonar los alimentos, conservar la carne, limpiar heridas y muchas otras tareas cotidianas. De hecho, nuestra palabra “salario” proviene del término latino salarium, una muestra del gran valor que la sal tenía en el mundo romano. 

Entre todas esas funciones, hoy quiero detenerme en una: la sal preserva aquello con lo que entra en contacto. En tiempos donde no existían los refrigeradores, la sal era la forma en que las personas preservaban la carne y evitaban que se echara a perder. No eliminaba la descomposición, pero sí detenía o retrasaba su avance.

Creo que Jesús quiere que entendamos que ese también es nuestro llamado. Vivimos en una sociedad donde la corrupción, el egoísmo, la mentira y la violencia parecen crecer cada día más. Y aunque tú y yo no podemos cambiar el mundo entero, sí podemos influir en el lugar donde Dios nos ha puesto. 

Cuando vivimos con integridad, cuando amamos, cuando perdonamos, cuando actuamos con justicia y reflejamos el carácter de Cristo, estamos siendo esa sal que preserva.

Amigo/a, quizá hoy Dios no te está llamando a hacer algo extraordinario. Tal vez simplemente te está llamando a ser fiel en tu casa, en tu trabajo, en tu escuela o con tus vecinos. Porque muchas veces es ahí, en los pequeños actos de obediencia, donde Dios produce la mayor influencia.

Mi oración es que hoy puedas preguntarte: “¿Estoy preservando el ambiente donde Dios me ha puesto o simplemente me estoy dejando llevar por él?” Que el Señor te ayude a ser esa sal que, silenciosamente, hace una diferencia para su gloria.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.