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Fecha de publicación 27 de sep. de 2026

🏁 La meta a perseguir

Fecha de publicación 27 de sep. de 2026

Al fin y al cabo, nadie es perfecto.

Este pensamiento, si bien contiene verdad, muchas veces es utilizado como una excusa para justificar nuestros errores, nuestras fallas y aun nuestros pecados. Nuestra sociedad acepta esto como una verdad casi absoluta. Como expresó el poeta Alexander Pope: “Errar es de humanos”.

Sin embargo, como lo hemos visto durante esta sección del Sermón del Monte, pareciera que una vez más Jesús viene y nos dice: “Han escuchado que nadie es perfecto y que fallar es de humanos, pero yo les digo…”

“Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto” (Mateo 5:48, NTV).

Y tengo que decir que, a primera vista, pareciera que Jesús puso la barra demasiado alta. Es más, pareciera que el peso de esta barra nos aplasta con su imposibilidad.

Pero creo que Jesús no está intentando darnos una meta imposible para frustrarnos. Nos está dando una meta para perseguir.

Y debo decir que, como alguien que es sumamente competitivo y que es movido por propósito, me encanta ver a Jesús poniendo delante de nosotros una meta que podemos perseguir durante toda nuestra vida.

¿Y cuál es esa meta? Ser como nuestro Padre celestial.

Y Dios no nos dejó solos en esta carrera. Nos ha dado un regalo hermoso para ayudarnos: su Espíritu Santo, quien habita en nosotros y trabaja constantemente para transformarnos a imagen de Jesús.

Amigo/a, lo hermoso y profundamente retante del Sermón del Monte es que Jesús verdaderamente quiere llevarnos más allá de lo superficial, más allá de lo establecido, y desafiarnos a vivir en constante transformación.

Algo que hemos visto como el  denominador común es que Jesús quiere llegar al corazón. Quiere transformar quiénes somos para que nuestra manera de vivir refleje cada vez más el corazón de nuestro Padre.

Amigo/a, Jesús te está invitando a vivir con la misma mentalidad que tenía Pablo cuando dijo: “No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo”. (Filipenses 3:12, NTV).

Y sabes, tú no necesitas ser perfecto para ser aceptado como hijo de Dios. Eres aceptado por la obra de Jesús en la cruz.

Pero precisamente porque ya eres suyo, ahora puedes vivir con una meta: parecerte cada día más a Jesús.

Así que quiero animarte a que no te conformes con el lugar donde estás hoy.

Sigue avanzando.

Sigue creciendo.

Sigue siendo transformado.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.