🤒 ¿La enfermedad ha intentado robarte la paz?
Hace un tiempo atravesé una temporada complicada en mi salud.
No era solo el malestar físico; era el desgaste emocional que lo acompañaba. Había días en los que mi cuerpo se sentía débil y mi ánimo parecía ir en la misma dirección. Las preguntas comenzaban a llenar mi mente: ¿Cuándo terminará esto? ¿Volveré a sentirme fuerte otra vez?
Una tarde, en medio de ese cansancio, entendí que no podía seguir dejando que el temor dirigiera mis pensamientos. Si realmente creía que Dios me ama y que Él sostiene cada área de mi vida, entonces necesitaba descansar en esa verdad.
Tomé una decisión sencilla: concentrarme en quién es Él y confiar.
Empecé a darle gracias a Dios, no porque ya me sintiera bien, sino porque Él seguía siendo bueno en medio del proceso. Algo cambió dentro de mí: mi cuerpo todavía estaba en proceso, pero mi corazón comenzó a llenarse de paz. La ansiedad perdió fuerza y una esperanza renovada tomó su lugar. Comprendí que mi salud no estaba fuera del alcance de Dios.
¡Con el paso de los días comencé a notar pequeñas mejoras, hasta sentirme totalmente bien otra vez!
Su Palabra nos alienta:
“Bendice, alma mía, al Señor… Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.” (Salmo 103:2–3, RVR1960).
Amigo/a, esa promesa nos recuerda que tenemos un Dios cercano que cuida cada detalle de tu vida.
Tal vez hoy estés atravesando un desafío en tu salud. Quizá te sientes cansado, frustrado o preocupado. Pero quiero recordarte algo: Dios sigue siendo tu refugio, tu fuerza y tu sanador.
¡Decide hoy descansar en Él!
Aun en medio del tratamiento, aun en medio de la espera, puedes encontrar una paz profunda al saber que no estás solo. Que en este día tu corazón descanse y se goce en el amor del Señor por ti.