📲 La distracción está matando tu vida espiritual
¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios! (Salmo 46:10, NTV).
¿Sientes la fuerza de esta frase?
No es una sugerencia; es una orden de Dios: detenerte. Y es que detenerse también es un acto de fe. Déjame decirlo una vez más: detenerse también es un acto de fe. Selah es detenerse y decir: “hasta aquí”.
Selah es respirar y entregarse.
Selah es permitir que Dios haga lo que el ruido no deja.
Sabes, el mundo te va a empujar. Te va a exigir y demandar que no te pares, que no reflexiones, que no alces la mirada ¿por qué? Porque lo que este mundo y quien está detrás de este mundo quieren es que te dejes llevar por el ruido, por la prisa y por todo aquello que te impida tomar una pausa sagrada y rendirte a Dios.
Creo que ya te he contado del libro de C. S. Lewis, “Cartas del diablo a su sobrino”. En este libro Lewis presenta a un demonio experimentado que le da un consejo inquietante a su aprendiz: no es necesario llevar al ser humano a grandes pecados, basta con mantenerlo distraído.
Su estrategia no es el caos evidente, sino el ruido constante. No necesita que la persona rechace a Dios, solo que nunca se detenga a considerarlo. Porque mientras la mente esté ocupada:
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con pendientes
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con entretenimiento
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con preocupaciones pequeñas
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con el ritmo acelerado de la vida
Entonces, no habrá espacio para preguntas profundas, ni para escuchar la voz de Dios. Amigo/a, si eres honesto, te darás cuenta de que esto es una profunda verdad. Cuántas veces las distracciones de la rutina diaria se convierten en excelentes excusas para no buscar a Dios. Selah es una invitación divina a vivir de manera contracultural, a tomar intencionalmente esa pausa sagrada para alinear nuestra mente y nuestro corazón con Dios.
Me encanta una historia que leí sobre uno de mis autores favoritos. Este autor se llama Dallas Willard, y cuenta que cuando uno de sus discípulos le preguntó qué debería hacer para poder crecer espiritualmente, él le respondió: “Debes eliminar sin piedad la prisa de tu vida.” Y añadió “La prisa es el gran enemigo de la vida espiritual en nuestros días.” Amigo/a, Selah es una invitación a romper ese ciclo.
Detente.
Piensa.
Escucha.
Porque el problema no es que Dios no esté hablando; es que casi nunca estamos en silencio. Y mientras sigas llenando tu vida de ruido, seguirás creyendo que Dios está lejos, cuando en realidad siempre ha estado cerca. Detente.
Selah