🫳🏼 La decisión de soltar
Durante mucho tiempo pensé que podría perdonar cuando dejara de sentir dolor. Creía que, cuando el enojo desapareciera y el recuerdo ya no me afectara, finalmente estaría lista para soltar. Pero ese momento nunca llegó.
Cada vez que recordaba lo que había sucedido, volvía a sentir la misma mezcla de tristeza, frustración y deseos de defenderme. Amaba a Dios y quería obedecerlo, pero, en lo profundo de mi corazón, todavía seguía aferrada a aquella ofensa.
Hasta que un día estas palabras me confrontaron: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13, RVR1960).
Comprendí que Jesús no esperó a que yo mereciera su perdón. No se quedó recordándome constantemente mis errores ni exigiendo que pagara por ellos. Jesús decidió extenderme su gracia.
Entonces entendí que perdonar no significaba negar lo que había sucedido, justificar a quien me lastimó ni fingir que ya no dolía. Significaba dejar de cobrarle, una y otra vez, aquella deuda en mi corazón y entregarla en las manos de Dios.
No puedo decirte que mis sentimientos cambiaran de inmediato. El recuerdo seguía allí y, algunos días, el dolor volvía a aparecer. Sin embargo, algo comenzó a cambiar dentro de mí: ya no estaba esperando una disculpa para poder ser libre.
Había tomado una decisión.
Amigo/a, quizá tú también estás esperando el momento en que te sientas capaz de perdonar. Yo aprendí que el perdón no siempre comienza cuando cambia una emoción. Muchas veces comienza cuando, aun con el corazón herido, decidimos confiar en Dios.
Puedes decirle conmigo a Jesús hoy: “Aunque todavía me duela, ayúdame a perdonar como tú me perdonaste”.
La decisión de soltar puede comenzar contigo, pero la fuerza para sostenerla siempre vendrá de Él.
Dios te da la gracia que necesitas para avanzar hacia la libertad.