🌊 ¿Has dudado alguna vez?
Durante mucho tiempo pensé que mi seguridad en el amor de Dios dependía de como me sentía. Había días en los que percibía su presencia con claridad y me resultaba fácil creer que me amaba. Pero cuando fallaba o atravesaba una temporada difícil, comenzaba a preguntarme si algo había cambiado en su amor por mí.
No sé cuál ha sido tu experiencia, pero creo que muchos hemos medido el amor de Dios de esa manera: por nuestras emociones, comportamiento o incluso por las circunstancias que estamos viviendo. Sin darnos cuenta, terminamos cayendo en la trampa de pensar que el amor de Dios depende de lo que hacemos o no por Él.
De hecho, el apóstol Juan dice: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo…” (1 Juan 4:10, RVR1960).
Fíjate en el orden: el amor no comenzó con nosotros, sino con Dios. No esperó a que fuéramos perfectos, fuertes o dignos. Dio el primer paso y mostró su amor por medio de Jesús.
Las cartas de Juan me ayudaron a comprender que el amor de Dios no es inestable como pueden ser nuestras emociones. Es un amor firme, sobrenatural y fiel. Ese es el amor Ágape que Juan nos presenta: un amor que no depende de lo que podamos ofrecer, sino de quién es Dios.
Amigo/a, ¿y si dejaras de preguntarte si Dios todavía te ama y comenzaras a descansar en lo que Jesús ya demostró? ¿Y si, en lugar de mirar tus fallas, miras la cruz?
Por eso, te invito a leer las cartas de Juan, y mientras avanzas, pregúntate: ¿Qué me revela este capítulo acerca del amor de Dios? ¿En qué área necesito vivir con mayor seguridad en Cristo?
Mi oración es que, al leer estas cartas, no solo comprendas cuánto te ama Dios, sino que aprendas a descansar cada día en la seguridad de ese amor.