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Fecha de publicación 28 de jul. de 2026

🏠 Fe que rompe techos

Fecha de publicación 28 de jul. de 2026

Recuerdo que, hace algunos años, cuando estaba en el instituto bíblico, atravesé una de las temporadas más difíciles de mi vida. Llegó un momento en el que sentía que ya no podía más, donde quería rendirme.

Estaba estudiando en otro país, lejos de mi familia y de las personas que amaba, así que tomé una decisión: abandonar los estudios y regresar a casa, a ese lugar que para mí representaba seguridad. Mientras algunas personas me decían que estaba bien si eso era lo que sentía hacer, recuerdo que hubo un grupo de amigos que me dio un mensaje diferente. Me animaban a seguir adelante y a no rendirme.

En especial recuerdo a una amiga que me dijo algo que jamás olvidaré: “Si te rindes ahora, te vas a arrepentir toda tu vida.”

Esas palabras, junto con las oraciones de muchos amigos por mi vida, fueron un milagro para mí. Decidí seguir adelante y descubrir lo que Dios tenía preparado. Hoy, mirando hacia atrás, estoy profundamente agradecido por esas personas que, en mi momento de debilidad, me ayudaron a seguir adelante cuando yo ya no tenía fuerzas para hacerlo solo. 

Y eso me recuerda una de las historias más hermosas de los evangelios, una historia que encontramos en el Evangelio de Marcos 2:1-12

Quiero que imagines la escena: Una casa completamente llena, ya no cabía nadie más. Jesús era el centro de atención. Algunos habían llegado para escucharlo, otros buscaban un milagro y otros simplemente tenían curiosidad.

Pero afuera de aquella casa había un hombre que no podía entrar por sí mismo.

Era paralítico. No sabemos cuántas veces soñó con volver a caminar. No sabemos cuántas noches lloró preguntándose si algún día su vida cambiaría. Y quizá, al escuchar que Jesús estaba cerca, su corazón volvió a llenarse de esperanza.

Pero todo parecía indicar que una vez más aquel milagro quedaría solo en un sueño, porque no había manera de acercarse a Jesús. Sin embargo, él no estaba solo, tenía cuatro amigos que se negaron a dejarlo atrás.

Y ellos encontraron una manera. Subieron al techo, rompieron las tejas e hicieron un agujero.

Y delante de todos comenzaron a bajar a su amigo justo frente a Jesús. Y lo que más me conmueve de esta historia es la reacción de Jesús: “Al ver la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: ‘Hijo, tus pecados quedan perdonados.” (Marcos 2:5, RVR1960).

¡Qué hermoso! Jesús no solo vio la necesidad del paralítico, también vio la fe de sus amigos.

A veces olvidamos el enorme poder que tiene rodearnos de personas que nos acercan a Jesús cuando nosotros ya no tenemos fuerzas para caminar solos.

Aquel hombre experimentó un milagro profundo. Jesús no solo sanó su cuerpo… también restauró su alma.

Y todo comenzó porque hubo amigos que decidieron cargarlo hasta Jesús. Por eso Amigo/a, hoy quiero dejarte dos preguntas para reflexionar: ¿Quiénes son las personas que Dios ha usado para sostenerte en tus temporadas difíciles? Y ¿Hay alguien cerca de ti que necesita que lo acerques a Jesús?

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.