💎 Eso que buscas tiene nombre
¿Alguna vez sentiste que, aunque has logrado mucho, todavía te falta algo?
A mí me ha sucedido. Puedo estar agradecida y, sin embargo, mirar las redes sociales y pensar que no es suficiente. De repente, necesito alcanzar otra meta, comprar algo o vivir la vida que veo en los demás.
Sin darme cuenta, aparece un hambre difícil de saciar. Quizás consigo eso que quería y me siento feliz, pero la sensación dura poco. Lo que ayer parecía suficiente, hoy ya no logra satisfacerme. ¿Te ha sucedido?
Al comenzar esta semana, quiero invitarte a conocer más de cerca a Jesús. Sus palabras en el Evangelio de Juan me ayudaron a descubrir no solamente lo que Él puede hacer por mí, sino también quién es Él para mí.
Después de alimentar a más de cinco mil personas, la multitud fue a buscarlo. Habían comido hasta quedar satisfechos, pero querían más. Jesús sabía que detrás del pan había un hambre mucho más profunda. Entonces les dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca volverá a tener hambre; el que cree en mí no tendrá sed jamás” (Juan 6:35, NTV).
Jesús no les ofreció otro milagro. Se ofreció a sí mismo.
He aprendido que no hay nada ni nadie en este mundo que pueda saciar nuestra alma como solo Jesús puede hacerlo. Porque todo lo que este mundo ofrece es pasajero: se termina o deja de ser suficiente. Pero Jesús permanece.
Te pregunto: ¿Qué estás usando para calmar el hambre de tu corazón?
Amigo/a, solo Él puede saciar esa hambre que muchas veces sentimos como un vacío.
Hoy Jesús vuelve a decirte: “Ven a mí”. No tienes que aparentar que estás bien. Acércate tal como estás y permite que Él llene ese lugar que nada más ha podido saciar.