💡 Eres la luz
¿No te parece increÃble que, cuando se corta la luz, una sola vela puede iluminar por completo una habitación? Basta una sola llama para iluminar una habitación oscura. Y lo más curioso es que, cuando esa vela enciende otra, no pierde nada de su propia luz.
Al contrario, ahora hay más luz que antes. De hecho, la esperanza funciona de una manera parecida.
Todos atravesamos momentos en los que alguien nos ayudó a seguir adelante. Una conversación en el momento justo. Una persona que creyó en nosotros cuando nos costaba creer en nosotros mismos. Una oración. Una muestra de amor que nos recordó que Dios seguÃa presente aun en medio de nuestras luchas.
Si miramos hacia atrás, muchos de nosotros podrÃamos identificar personas que fueron una luz en una temporada difÃcil.
Y quizás nunca se dieron cuenta del impacto que tuvieron. Su palabra nos dice: "Asà alumbre vuestra luz delante de los hombres..." (Mateo 5:16, RVR1960).
FÃjate que Jesús no dijo que guardáramos la luz para nosotros. La luz que hemos recibido está destinada a iluminar el camino de otros.
Cada vez que reflejamos el amor de Dios, compartimos esperanza. Cada vez que eliges servir, escuchar, animar, estas permitiendo que esa luz alcance a alguien más.
Y lo hermoso es que la esperanza no disminuye cuando se comparte. Sucede exactamente lo contrario. Como una vela que enciende otra vela, una vida tocada por Dios puede convertirse en el comienzo de una nueva historia para alguien más.
Amigo/a, quizás hoy no seas consciente de cuánto Dios puede hacer a través de ti. Pero una simple decisión de amar, servir o animar a alguien podrÃa convertirse en la esperanza que esa persona estaba necesitando encontrar.
Porque cuando la luz de Jesús brilla a través de nosotros, otros pueden descubrir la esperanza que han estado buscando.
¡Brilla más fuerte que nunca!