📡 Elimina las interferencias
Nunca voy a olvidar un retiro espiritual de silencio en el que participé hace algunos años.
Formaba parte de un programa de entrenamiento que mi esposa y yo tomamos y duraba tres días: tres días sin hablar, con un cuarto solo para mí, rodeado de naturaleza.
Lo que experimenté aquella vez lo llevo en el corazón hasta el día de hoy.
Recuerdo que el primer día, aunque no estaba hablando, me costaba mucho conectar con Dios porque mi mente no dejaba de pasar de un pensamiento a otro.Era como si mis pensamientos estuvieran a máximo volumen.
Había silencio por fuera… pero ruido por dentro.
Sin embargo, después de unas horas, el caos interno empezó a bajar.
Y ahí, en esa quietud profunda pude concentrarme en la presencia y en la voz de Dios. Los días siguientes fueron sumamente especiales.
En ese retiro aprendí una lección que sigue marcando mi vida: es vital tener espacios donde eliminemos las interferencias para poder discernir y escuchar la voz de Dios con más claridad.
No por nada Jesús, cuando enseñaba sobre la oración, dijo: “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”. Mateo 6:6 (NVI)
Ayer hablábamos de la importancia de estar en comunicación constante con Dios durante el día.
Pero hoy quiero recordarte que también es indispensable tener espacios a puerta cerrada, momentos en los que, dentro de lo posible, quites las distracciones, el ruido y las demandas de la vida para simplemente estar con Él.
Amigo/a, ¿qué tal si este año apartas un día, aunque sea uno, para silenciar el ruido y disminuir el ritmo diario?
No solo para descansar, sino para estar con tu Padre. Porque cuando lo hacemos intencionalmente, Jesús nos asegura algo poderoso: “Tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.”