• ES
    • AR Arabic
    • CS Czech
    • DE German
    • EN English
    • ES Spanish
    • FA Farsi
    • FR French
    • HI Hindi
    • HI English (India)
    • HU Hungarian
    • HY Armenian
    • ID Bahasa
    • IT Italian
    • JA Japanese
    • KO Korean
    • MG Malagasy
    • MM Burmese
    • NL Dutch
    • NL Flemish
    • NO Norwegian
    • PT Portuguese
    • RO Romanian
    • RU Russian
    • SV Swedish
    • TA Tamil
    • TH Thai
    • TL Tagalog
    • TL Taglish
    • TR Turkish
    • UK Ukrainian
    • UR Urdu
Fecha de publicación 10 de ago. de 2026

🤫 El secreto de la verdadera felicidad

Fecha de publicación 10 de ago. de 2026

Al comenzar esta nueva semana quiero compartir contigo lo que, para mí, es una de las enseñanzas más importantes de Jesús: el Sermón del Monte.

¿Sabías que el Sermón del Monte es uno de los pasajes más conocidos, leídos y estudiados de Jesús, pero al mismo tiempo uno de los menos obedecidos?

Sin embargo, el Sermón del Monte también es conocido como el Edicto del Rey, porque nos muestra cómo vivir como ciudadanos del Reino de Dios. Este sermón comienza con las bienaventuranzas, y ellas describen el camino hacia la verdadera felicidad y los valores del Reino de los Cielos. De hecho, la palabra bienaventurado viene del griego makarios, que significa: “dichoso”, “feliz” o “supremamente bendecido”.

Entonces, ¿cuál es la manera de ser supremamente bendecido y verdaderamente feliz en el Reino de Dios?

Lo primero que Jesús nos dice es esto: “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5:3, NVI). 

¿Qué piensas que significa ser “pobre en espíritu”?

Es tan sencillo y a la vez tan profundo, como reconocer nuestra absoluta necesidad de Dios. La realidad es que vivimos en una cultura que celebra la autosuficiencia: “Sé fuerte”, “confía en ti”, “no necesitas a nadie”.

Pero Jesús dice exactamente lo contrario: dichosos son aquellos que reconocen que no son suficientes por sí mismos.

Es como mi hija Elena de 5 años. A su corta edad, ella ya cree que es grande y que puede hacerlo todo sola. Por un lado, eso nos alegra mucho, porque queremos verla crecer y aprender, poco a poco, a ser independiente. Pero, por otro lado, también tenemos que enseñarle a reconocer sus limitaciones y a pedir ayuda cuando la necesita.

De la misma manera, tú y yo muchas veces queremos sentir que somos autosuficientes; que podemos con todo, que no necesitamos de nadie, que somos los dueños de nuestro destino.

Pero la realidad es otra: tenemos una profunda necesidad de un Salvador. Y como Jesús mismo dijo, separados de Él nada podemos hacer

Por eso, el primer paso hacia la verdadera felicidad es reconocer cuánto necesitas a Dios en tu vida. 

Amigo/a, déjame preguntarte hoy: ¿Estás viviendo como alguien dependiente de Dios… o como alguien autosuficiente?

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.