🧨 El pecado antes del pecado
“Han oído el mandamiento que dice: ‘No cometas adulterio’. Pero yo digo que el que mira con pasión sexual a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.” (Mateo 5:27-28, NTV).
Wow. ¿Podrían dos temas ser más relevantes y actuales en nuestra sociedad que el enojo y por otro lado la sociedad hipersensual en la que vivimos?
La realidad es que vivimos constantemente expuestos por imágenes y mensajes sexualizados. Gran parte de la mercadotecnia parece operar bajo el lema: “el sexo vende”. Vivimos en un tiempo donde el libertinaje sexual en esta área se presenta como algo normal.
Por eso, las palabras de Jesús van directamente a la raíz del problema tan profundo como se puede. Jesús dice que el problema, la raíz de todo, está en el corazón.
Una vez más, Jesús está diciendo que no basta solamente con no hacer algo. Porque muchas veces la acción es solamente el síntoma de algo que ya lleva tiempo creciendo dentro de nosotros.
Es necesario ir más profundo y preguntarnos: ¿qué estamos alimentando en nuestro corazón?
Ahora, esto no significa que cada vez que aparezca una imagen frente a nosotros automáticamente hemos pecado. Muchas veces no podemos controlar lo que aparece delante de nuestros ojos.
Pero sí podemos decidir qué hacemos después.
Podemos decidir si apartamos nuestra mirada o si seguimos mirando.
Podemos decidir si rechazamos ese pensamiento o si lo alimentamos.
Podemos decidir qué dejamos entrar y qué permitimos que se queden viviendo dentro de nuestro corazón.
Amigo/a, como te he comentado antes, hubo un tiempo de mi vida en el que luché con una adicción a la pornografía. Por eso las palabras de Jesús me hacen tanto sentido.
Porque el pecado no comenzó el día que tuve acceso a una pantalla. Comenzó mucho antes, en las cosas que fui permitiendo, alimentando y cultivando en mi corazón.
Amigo/a, ¿qué estás permitiendo que entre en tu corazón hoy?
Hace poco leí una idea que me hizo reflexionar: “cuando el corazón esté listo, la acción se llevará a cabo cuando se presente la oportunidad”.
Y creo que hay mucha verdad en eso. Si cultivamos un corazón dispuesto a pecar, muchas veces solamente hará falta que aparezca la oportunidad.
Por eso Jesús no quiere simplemente ayudarnos a controlar nuestras acciones, quiere transformar nuestro corazón. Mi invitación para ti hoy, y al mismo tiempo me la hago a mí mismo, es que podamos ser como Job, quien dijo:
“Hice un pacto con mis ojos de no mirar con lujuria a ninguna joven.” (Job 31:1, NTV).
Quizá hoy necesites hacer un pacto con tus ojos. Quizá necesitas revisar lo que estás viendo, lo que estás buscando o aquello que constantemente estás permitiendo entrar en tu mente y en tu corazón.
No se trata solamente de preguntarnos: “¿Hasta dónde puedo llegar sin pecar?” La pregunta es mucho más profunda: “¿Qué tipo de corazón estoy cultivando?”
Porque muchas veces, el pecado que vemos en nuestras acciones comenzó mucho antes, en aquello que decidimos alimentar en secreto.
Jesús quiere ir hasta ahí. Hasta lo profundo.
Hasta el corazón.