💍 El matrimonio como Cristo lo ve
Una de las historias más impresionantes de la Biblia, para mí, es la del matrimonio de Oseas y Gómer.
Déjame contarte una versión corta: Oseas era un profeta justo, un hombre limpio, recto, obediente. Un hombre que conocía la voz de Dios. Y un día, Dios le pide algo impensable: amar a una mujer que no sabía ser amada, solo había vivido para ser usada.
Así era Gómer: una prostituta marcada por cicatrices, heridas y decisiones que la perseguían.
Oseas la recibe, la dignifica, la llama esposa.
Y aunque al inicio todo iba bien, las cadenas del pasado todavía tiraban de ella, hasta que un día regresó a lo de antes.
Cualquiera habría renunciado, Dios le dice a Oseas: “Ve otra vez y ámala de nuevo.”
Oseas camina a los lugares más oscuros, la encuentra esclavizada y paga el precio para traerla de vuelta.
La cubre y le dice: “Regresa a casa. Te amo.” (Oseas 1–3)
Esta historia me confronta, porque en realidad es tu historia y la mía. Tú y yo somos como Gómer: llevamos heridas, decisiones que pesan, momentos que nos avergüenzan. Y Jesús es quien, una y otra vez, sigue diciéndonos: “Regresa a casa. Te amo.”
Pablo nos muestra el corazón del matrimonio: reflejar el amor entre Cristo y la Iglesia.
“Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella.” (Efesios 5:24–25 NVI)
Por eso te cuento la historia de Oseas y Gómer: porque es la historia de Jesús y su Iglesia, y al mismo tiempo, nuestra historia.
Cuando miras tus relaciones con ese propósito, dejas de exigir y comienzas a comprender. Dios no quiere matrimonios perfectos; quiere corazones rendidos.
Amigo/a, quizá hoy necesites escuchar las mismas palabras que escuchó Gómer: “Regresa a casa. Te amo.”
Cuando ves tu matrimonio, tus relaciones o incluso tu propio corazón a la luz del amor de Cristo, algo cambia dentro de ti. Ya no se trata de ganar, exigir o tener la razón. Se trata de reflejar al Dios que nunca dejó de amarte.
Hoy, mientras meditamos en Oseas y Gómer, recuerda: Tus relaciones no se sostienen por tus fuerzas, sino por la gracia que te alcanzó primero.