📞 El llamado a ser influencia
Qué alegría poder compartir una semana más contigo. Mi oración es que la presencia de nuestro buen Padre, su gracia y su amor, sean el motor que impulse cada paso que des en este nuevo día.
Esta semana quiero continuar el recorrido que comenzamos en la serie anterior, siguiendo las enseñanzas del Sermón del Monte. Como te comentaba, este es probablemente el discurso más conocido, más leído y más estudiado de Jesús; sin embargo, también es uno de los menos obedecidos.
Durante estos siete días meditaremos en un breve, pero profundamente desafiante pasaje: Mateo 5:13-16.
Jesús comienza el Sermón del Monte con las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12), Inmediatamente después, Jesús nos muestra el propósito de ese carácter: influir en el mundo que nos rodea.
Por eso, Amigo/a, quiero hacerte esta pregunta: ¿Qué impacto está teniendo tu vida como hijo o hija de Dios en las personas que te rodean?
Piensa por un momento en tu familia: tu esposo o esposa, tus hijos, tus padres o familiares cercanos. Piensa también en tu trabajo o en tu escuela, en tus compañeros, en tus vecinos y en las personas con las que te encuentras cada día.
¿De qué manera tu forma de vivir está reflejando a Cristo?
Escucha ahora las palabras de Jesús: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo lo recobrará? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder.” Mateo 5:13-14
Quiero que hoy notes un detalle muy importante. Jesús no dice: “Esfuércense por ser sal” o “algún día llegarán a ser luz”.
Él afirma: “Ustedes son la sal de la tierra.” “Ustedes son la luz del mundo.”
La influencia comienza con la identidad. Con frecuencia pensamos que podremos influir cuando tengamos más experiencia, más preparación o más oportunidades. Pero Jesús nos recuerda que, desde el momento en que le pertenecemos, ya tenemos algo valioso que ofrecer.
La sal, aunque sea poca, transforma aquello con lo que entra en contacto. No necesita ser abundante; simplemente necesita estar presente.
Así también quiere Dios usarte en tu hogar, en tu trabajo, en tu escuela y en tu comunidad. No tienes que hacer cosas extraordinarias para marcar una diferencia. Basta con vivir cada día como alguien que pertenece a Cristo.
Mi oración para ti es que hoy recuerdes quién eres. Antes de pensar en todo lo que debes hacer por Dios, recuerda lo que Él ya ha dicho de ti. Eres sal. Eres luz. Y dondequiera que Él te ha colocado, también te ha llamado a influir para su gloria.