🕚 Doce años esperando un milagro
Hay encuentros que duran minutos, pero pueden cambiar una vida para siempre.
Saludos, que Dios te llene de su gracia y amor cada día. Esta semana quiero compartir contigo algunas historias de la Biblia sobre cómo personas cansadas, rechazadas, enfermas y olvidadas descubrieron que Jesús no solo tenía poder para sanar sus cuerpos, sino también para restaurar corazones.
Y mi oración es que al ver y escuchar estas historias puedas darte cuenta de que aún hoy Jesús está cerca de quienes necesitan esperanza. Y mejor aún si tú eres una de esas personas, mi oración es que en estos días puedas escuchar la voz de Jesús diciéndote: aquí estoy, te veo, te escucho, camino contigo.
La realidad es que hay situaciones en nuestra vida que quizá no compartimos con nadie. Muchas veces cargamos dolor que nadie entiende, vergüenza que no queremos admitir. Pero, ¿sabes que? Nada de eso pasa desapercibido para Jesús.
Hay una hermosa historia en la Biblia sobre como un encuentro con Jesús sanó por completo a alguien que había estado cargando con una enfermedad, con un estigma, con una profunda vergüenza por doce años.
No sabemos su nombre, pero sabemos que Jesús la llama; “hija”. Su historia la encontramos en Marcos 5:25-34. Mientras Jesús caminaba en medio de una gran multitud ocurrió algo extraordinario… “Había entre la gente una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho a manos de varios médicos, y se había gastado todo lo que tenía sin que le hubiera servido de nada, pues, en vez de mejorar, iba de mal en peor” (Marcos 5:25-26 NVI).
Doce años de sufrimiento, visitas a médicos y gastos constantes sin encontrar una solución. En lugar de mejorar iba de mal en peor. Pero no solo eso, su enfermedad llevaba consigo un estigma cultural en el cual era considerada impura.
Sin embargo, había en su corazón todavía esperanza, porque cuando escucha hablar de Jesús, tiene un pensamiento lleno de fe; “si tan solo puedo tocar su manto, quedaré sana”. ¡Qué hermosa y profunda fe! Y esa fe fue suficiente para cambiar toda su vida e historia.
Y después de doce años de vivir siendo definida por su enfermedad, por su dolor, de repente Jesús le da una nueva identidad; “Hija, tu fe te ha salvado.”
Jesús no solo detuvo la enfermedad. También detuvo años de vergüenza, rechazo y silencio. Amigo/a, tal vez hoy tú también estás cansado.
Cansado de esperar.Cansado de luchar con la misma situación.Cansado de orar por algo que todavía no cambia.
Pero esta historia nos recuerda algo importante: Jesús nunca ignora a quienes sufren en silencio. Aun entre la multitud, Él siente el toque de un corazón que todavía cree. Y tú, ¿todavía crees? Porque a veces un pequeño acto de fe es el comienzo de un milagro que puede cambiarlo todo.