🏠 Discipular empieza en casa
Hace poco leí en un artículo; que el promedio de tiempo de calidad que un papá pasa con sus hijos es de 35 minutos al día.
Cuando lo leí, me hizo detenerme a pensar.
Al analizar mi propia rutina, me di cuenta de algo incómodo pero real: aunque muchas veces estoy en casa, no siempre estoy presente.
Puedo pasar el día frente a la computadora, luego en el celular o atendiendo llamadas… y al final muchas veces, estoy físicamente ahí, pero al mismo tiempo de alguna manera ausente.
Tal vez esta también sea tu realidad como padre o madre. O quizá fue tu experiencia como hijo/a.
Las consecuencias de esto las vemos todos los días: niños que crecen con sentimientos de soledad, ansiedad o baja autoestima. No porque falte techo o comida, sino porque falta presencia.
Por eso el llamado de Dios en Efesios 6 es tan poderoso:
“Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa — para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra. Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”. (Efesios 6:1-4 NVI)
La palabra disciplina viene de la misma raíz que discipulado. Y si recuerdas, la gran comisión de Jesús es clara: “Vayan y hagan discípulos…”
Amigo/a, la realidad es que el discipulado no comienza fuera de casa; comienza dentro de ella.
A Dios le importa profundamente quién eres en tu hogar. A Dios le importa tu familia.
Nuestro llamado como padres no es sólo corregir conductas, sino formar corazones. Enseñar con palabras, sí, pero sobre todo con ejemplo, tiempo y presencia. Formar discípulos de Cristo no se logra en momentos aislados, sino en una vida compartida.
Y aunque 35 minutos pueden ser un inicio, el verdadero discipulado se construye cuando decidimos estar presentes, intencionales y rendidos a Cristo en nuestro hogar. Porque cuando sembramos fe en casa, Dios se encarga del fruto.