👓 De la insatisfacción a la visión
En estos días he estado reflexionando sobre el hecho de que ya no soy tan joven. En poco más de un año estaré llegando a los 40.
Y una de las áreas donde lo veo con más claridad es en lo difícil que se va volviendo mantener mi condición física. Siempre he sido de complexión delgada y, aunque nunca he dedicado mucha atención a mi alimentación, en los últimos años me he dado cuenta de que cada vez es más difícil evitar que mi pancita crezca.
Ahora, frente a esto, tengo dos opciones:
Puedo pensar y decir: “Pues bueno, ya casi tengo 40 años, ya estoy casado y con hijos, ya no tengo que quedar bien o impresionar a nadie, ya no voy a ser un deportista estrella… entonces, ¿para qué me preocupo?”. Y de ese modo, mi insatisfacción va perdiendo fuerza, hasta que simplemente deja de ser una insatisfacción y lo acepto y me conformo.
O puedo decidir hacer algo al respecto: hacer ejercicio, cuidar mi alimentación y, de esta manera, cuidar mi peso y mi salud.
¿Sabes? Pasa lo mismo en nuestra vida espiritual.
Tengo plena certeza de que, entre más caminas con Dios, más Él pone cargas en ti: sobre tu vida, sobre tu relación con Él, sobre los dones que te ha dado y el servicio en Su Reino.
La pregunta es: ¿qué vas a hacer con eso? ¿Vas a hacer algo al respecto o te vas a conformar y aceptar aquello que Dios te llama a cambiar? El corazón de Nehemías fue sacudido, y él decidió actuar.
Al igual que Nehemías, si hay algo en tu vida o en tu relación con Él con lo que no estás satisfecho/a, hoy eres candidato/a para recibir una visión de Dios. Una visión nace en el alma de una persona que vive en tensión entre lo que es y lo que podría ser.
Entonces, Amigo/a, te pregunto: ¿cómo está tu relación con Dios y cómo podría estar? ¿Puedes crecer? ¿Puedes estar más cerca de Él? ¿Hay algo en tu corazón que necesitas soltar para crecer en intimidad con Dios?
Nehemías nos presenta un contraste entre comodidad personal y carga espiritual. Responder a esta insatisfacción implica, sí o sí, sacrificar comodidades personales.
Nehemías se presentó ante el rey, a riesgo de su posición y de su propia vida, y le pidió lo siguiente:
“Si a su Majestad le parece bien y si este siervo suyo es digno de su favor, le ruego que me envíe a Judá para reedificar la ciudad donde están los sepulcros de mis antepasados” (Nehemías 2:5).
Y tú, ¿a qué te está llamando Dios hoy?