💗 Cuida tu corazón
El otro día estaba cuidando a mi hija mientras jugaba afuera con sus amiguitos. Cuando llegó la hora de entrar a casa, le pedí que se despidiera. De pronto, una niña corrió hacia ella. Pensé que venía a abrazarla o a decirle adiós, pero en realidad solo vino para decirle que ya no quería ser su amiga.
Mi hija entró a casa llorando. Para ella, pocas cosas duelen tanto como el rechazo.
Mi esposa y yo tratamos de consolarla, explicándole que no necesita ese tipo de amigas, que hay otras que sí la quieren y la valoran. Sin darnos cuenta, lo que estábamos diciéndole era esto: “Cuida tu corazón”.
Porque la realidad es que es muy fácil entregar el corazón a personas, relaciones o expectativas que terminan haciéndonos daño.
Así como mi hija desea amar y ser amada por todos, estoy seguro de que tú y yo, en algún momento, hemos entregado nuestro corazón a alguien o a algo, y eso muchas veces termina lastimando.
Por eso la Biblia nos da este consejo tan sabio y tan necesario: “Por sobre todas las cosas, cuida tu corazón, porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23 (NVI).
El corazón es el centro de nuestros pensamientos, decisiones y acciones. Lo que permites que entre en él influye directamente en la manera en que vives.
Por eso la Biblia no dice “síguelo”, sino cuídalo… guárdalo, como se guarda algo valioso en un lugar seguro.
Amigo/a, hoy quiero invitarte a reflexionar: ¿A qué le estás entregando tu corazón? ¿Qué estás permitiendo que lo influencie?
Ayer veíamos que el corazón puede ser engañoso. Hoy el llamado es distinto: protegerlo. Y la mejor manera de hacerlo no es cerrarlo, sino ponerlo en las manos correctas.
Si permites que Dios forme y transforme tu corazón, el rumbo de tu vida será guiado por Él. Pero si permites que la cultura, las redes o las voces equivocadas te moldeen, terminarán trazando tu camino y, muchas veces, dejándote con heridas.
Amigo/a, ¿qué tal si hoy tomas una decisión sencilla pero profunda? Guarda tu corazón… en las manos de Dios.
Haz conmigo esta pequeña oración: Señor, ayúdame a entregarte mi corazón, porque sé que tú puedes cuidarlo por completo. Amén.