🚫 Cuando tu clamas… Jesús se detiene
¿Alguna vez has sentido que todo a tu alrededor avanza, que todos siguen adelante, pero tú no? Que tus amigos, tu familia, avanzan pero tú te sientes estancado.
Quizá has vivido momentos en los que has dicho a Dios: ¿Por qué, Señor? ¿Me has abandonado? ¿No me escuchas? ¿No me ves? Yo he vivido tiempos donde Dios ha estado en silencio, donde pareciera que no hay nada más adelante, donde no puedo ver qué sigue, qué paso tomar, qué decisión tomar. Y como no puedo ver, ni sentir a Dios en estos momentos ha cruzado por mi mente que Él no me ve, y no me escucha.
Así me imagino que se sintió el ciego Bartimeo. Bartimeo estaba sentado al borde del camino. Ese era su lugar de siempre. Mientras otros caminaban, él pedía limosna. Mientras otros avanzaban, él permanecía detenido.
La gente se acostumbró a verlo ahí, hasta tal punto que ya nadie se detenía, que parecía ser invisible a los demás. Pero un día todo cambió, la multitud estaba emocionada, había más ruido que de costumbre. Y de repente Bartimeo escuchó que Jesus estaba pasando.
Y su respuesta no fue de enojo, no fue de víctima, no fue pesimista. Su respuesta fue gritar con todas sus fuerzas: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! (Marcos 10:47, RVR1960).
La multitud se molestó, le dijeron que se callara, que no hiciera escándalo, que no molestara a Jesús. Pero Bartimeo gritó todavía más fuerte. Y para asombro de todos, Jesús se detuvo y lo mandó llamar.
De todos los sonidos alrededor, de toda la multitud, Jesús escuchó el clamor de un hombre desesperado. Qué increíble pensar que Bartimeo no podía ver a Jesús pero Jesús sí lo veía a él.
Esta mañana leí en mi devocional el Salmo 34, y me encantan estas palabras: El Señor está cerca de los quebrantados de corazón… Salmo 34:18. Amigo/a, hoy quiero animarte con esta verdad; si tu clamas con un corazón quebrantado, Jesús se detiene.
Bartimeo empezó ese día como cualquier otro, al borde del camino, cansado y quebrantado, pero después de su encuentro con Jesús, su vida cambió por completo, porque no solo recibió el milagro de la vista, cambió la dirección de su vida. Ahora ya no estaba al borde del camino, ahora seguía a Jesús en su camino. (Marcos 10:52, RVR1960). Y lo mismo puede ser verdad para ti, “Clama a mí y yo te responderé”, es la promesa de nuestro buen Padre. Amigo/a, que nadie ni nada te impida clamar a Dios.