🫣 Cuando tienes miedo de volver
¿Sabes? Por naturaleza, no me gustan las confrontaciones. Me pongo nervioso cada vez que tengo que confrontar a alguien, especialmente cuando he cometido un error y tengo que hablar con mi esposa para pedirle perdón o admitir que me equivoqué.
En esos momentos pasó mucho tiempo pensando: “¿Cómo se lo voy a decir? ¿Qué palabras voy a usar? ¿Cómo puedo decirlo para no quedar tan mal?”. Casi siempre tengo esos diálogos en mi mente.
¿Te ha pasado alguna vez? ¿Has ensayado una y otra vez una conversación en tu cabeza, tratando de encontrar las palabras adecuadas?
En la historia del hijo pródigo vemos al hijo menor haciendo exactamente eso. Cuando vuelve en sí y se da cuenta de que está deseando la comida de los cerdos, empieza a preparar una disculpa. Ensaya una y otra vez lo que le va a decir a su padre para que lo reciba.
Sabe que lo ha lastimado. Sabe que lo ha decepcionado. Sabe que le ha fallado. Por eso quiere preparar un discurso que convenza a su padre de recibirlo, aunque sea como trabajador. Siente que ya no merece ni siquiera que lo llamen hijo.
Así que va por el camino repasando una y otra vez sus palabras: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores”.
Mientras tanto, el hijo piensa que su padre lo va a recibir como él merece, con el castigo que él merece. Pero Jesús nos muestra algo muy distinto: “Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó” (Lucas 15:20, NVI).
¡Qué escena tan hermosa! ¡Qué escena tan extraordinaria!
La verdad es que tú y yo muchas veces somos como este hijo. Cuando hemos fallado, cuando hemos pecado o cuando nos hemos alejado de Dios, solemos imaginarlo como un juez que nos observa, que se fija en cada error y en cada pecado, y que solo espera que regresemos para castigarnos. Pensamos que vamos a recibir lo que merecemos.
Sin embargo, la Biblia nos muestra a un Padre que corre hacia nosotros. Un Padre compasivo, lleno de amor y de gracia. Un Padre que solo espera que reconozcamos lo que hemos hecho, nos arrepintamos y regresemos a Él, para recibir la gracia que tiene para nosotros.
Amigo/a, no necesitas tener el discurso perfecto para volver a casa. Solo necesitas dar el primer paso, y el Padre saldrá a tu encuentro en el camino.
Dios te bendiga.