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Fecha de publicación 2 de nov. de 2026

🪁 Cuando quieres vivir a tu manera

Fecha de publicación 2 de nov. de 2026

Empezamos una semana nueva juntos, y esta semana quiero compartir contigo una historia: la historia de dos hijos y un padre. Quizás ya la conoces, pero esta semana quiero invitarte a escucharla desde una perspectiva diferente. 

Es la historia del hijo pródigo: un padre tenía dos hijos. Un día el menor se le acercó y le dijo: “Papá, dame la parte de la herencia  que me toca” (Lucas 15:11-32. NTV).

Ahora quiero que te detengas un momento y pienses: ¿qué significaron estas palabras para este Padre? Una herencia se recibe cuando alguien muere. Así que, básicamente este hijo le estaba diciendo: “Para mí, es como si estuvieras muerto. Ya no me interesa nuestra relación; solo quiero lo que puedes darme”. 

Esto tuvo que haber resultado muy doloroso para este padre. 

Aún así, este padre repartió la herencia entre sus dos hijos. El hijo menor tomó su parte y se fue lejos de la casa del Padre a derrochar este dinero, a disfrutar los placeres de este mundo, hasta que no le quedó nada. La Biblia dice que llegó a un punto en el que estaba tan mal que empezó a buscar trabajo y lo único que pudo conseguir fue cuidar a los cerdos. Su situación era tan desesperada que deseaba comer lo mismo que comían los cerdos.  

Fue entonces cuando se acordó de la casa del padre, y pensó: “hasta los trabajadores de la de mi padre se alimentan mucho mejor”. 

Entonces ideó un plan: “Voy a regresar a la casa del Padre y le voy decir: Papá, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser tratado como uno de tus hijos. te pido que me trates como uno de tus trabajadores”. Entonces emprendió el camino de regreso hacia el Padre. 

Me imagino que todo el camino iba repasando en su mente cómo iba a disculparse con su padre. 

Pero antes de que pudiera terminar, el padre ya estaba dando órdenes a sus siervos: “¡Rápido! Traigan la mejor ropa y vístanle. Pónganle un anillo en el dedo. Preparen un banquete, porque esta noche vamos a celebrar: este hijo mío estaba perdido, y lo hemos encontrado”. 

Así, el padre le devolvió su identidad de hijo e hizo una gran fiesta para celebrar su regreso. 

Pero te dije que esta es la historia de dos hijos. El mayor había estado trabajando en el campo. Al volver, oyó la música de la fiesta y le preguntó a uno de los siervos qué estaba pasando. El siervo le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo una gran fiesta”. Lo primero que sintió el hijo mayor no fue alegría, sino enojo, y no quiso entrar. 

Su padre salió a buscarlo y le rogó que entrara. Pero el hijo le respondió: “¿Cómo voy a entrar a celebrar? Yo siempre he estado contigo, y nunca me hiciste una fiesta así. Pero ahora regresa este hijo tuyo, que malgastó tu herencia, ¡y le haces esta celebración!”. 

Y ahí termina la historia. No nos dice qué pasó después. Pero sí puedo decirte esto: es la historia de dos hijos perdidos y de un padre que sale al encuentro de los dos. 

Por eso, mientras profundizamos en esta historia durante la semana, quiero invitarte a preguntarte: ¿con cuál de los dos hijos te identificas más? ¿Con el que se fue lejos a vivir los placeres del mundo, pero quiere volver a casa? ¿O con el hijo mayor, que siempre estuvo en casa, pero tenía el corazón lejos de su padre? 

Te invito a meditar en esto.

No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!

Eleazar Diaz
Author

Pastor principal de una iglesia y director de un programa de discipulado y misiones en Guadalajara, México. Mi pasión es que cada persona pueda tener una relación intima y apasionada con Dios.