⚙️ Cuando obedecer no significa amar
Dime si no es cierto: a todos nos encantan los testimonios de cambios poderosos. Nos encanta escuchar historias de personas que lo vivieron todo, que pasaron por el alcoholismo, la drogadicción o la criminalidad, y que entregaron su vida a Cristo y fueron transformadas. A mí también me encantan. Son las historias que más nos impactan.
Sin embargo, la historia del hijo pródigo nos muestra algo diferente. Nos da otra perspectiva.
Ayer terminamos con una escena hermosa: el padre corre hacia su hijo, lo abraza, lo besa, le pone ropa nueva y un anillo, y hace una fiesta para él. Podríamos terminar la historia aquí y quedarnos felices, impactados por el hijo perdido que vuelve a casa.
Pero, como te dije al principio de la semana, esta es la historia de un padre y dos hijos. La Biblia nos muestra a otro hijo: uno que parece haber tomado todas las decisiones correctas. Un hijo que se quedó con su padre mientras el otro se fue, y que trabajó a su lado mientras el otro derrochaba su herencia.
Sin embargo, aunque este hijo estaba cerca de su padre, su corazón no estaba en sintonía con él. ¿Por qué lo digo? Porque, en cuanto se enteró de que su hermano había regresado y de que su padre estaba celebrando, en lugar de alegrarse y correr a abrazar a su hermano, se enojó y ni siquiera quiso entrar a la fiesta (Lucas 15:28, NTV).
Aquí hay algo muy importante para nosotros, porque a veces caemos en la misma trampa. Parece que estamos cerca de Dios. Parece que tomamos las decisiones correctas: leemos la Biblia, oramos, vamos a la iglesia. Pero lo hacemos por religiosidad y no por relación. Lo hacemos para dar una buena imagen, pero no estamos cultivando intimidad con el Padre. Porque no es lo mismo saber mucho de Dios que conocer profundamente a Dios.
Por eso, la pregunta para ti y para mí hoy es esta: ¿estás cerca de Dios solo por religiosidad o porque disfrutas profundamente de tener una relación íntima con Él?
Amigo/a, a Dios no le interesa solo lo que hacemos. Le interesa quiénes somos. Dios no mira las apariencias; Dios mira el corazón (1 Samuel 16:7, NTV).
Entonces, ¿cómo está hoy tu corazón con Dios? ¿Haces lo correcto porque quieres estar cerca de Él y porque lo amas? ¿Está tu corazón en sintonía con el Padre? ¿O puedes reconocer algo del hijo mayor en ti?
Mi oración es que hoy Dios hable a tu corazón y que cada día decidas estar cerca del Padre, no por lo que te da, no porque responda tus oraciones ni porque pueda darte un milagro, sino simplemente porque lo amas.