✅ Cuando lo correcto no es lo que quieres
Hace un par de años se estrenó una película animada sobre un toro y su viaje de descubrimiento. La película se llama “El viaje de Ferdinand”. Recuerdo cuánto me hizo pensar una escena de esta película.
En esta escena, Ferdinand es dejado atrás por la familia que se va a la ciudad. Él deseaba mucho ir a la ciudad, pero el papá de la familia lo había prohibido. Ferdinand tenía tanto deseo de ir a la ciudad que empieza a buscar “señales” a su alrededor que confirmen lo que ya desea hacer. Interpreta situaciones cotidianas como respuestas a favor, dándoles un significado que realmente no tienen.
La escena está diseñada para aportar un toque de humor a la película; sin embargo, también revela una verdad profunda: cuando el corazón ya ha decidido, convierte fácilmente coincidencias en dirección, y la mente se limita a justificar lo que en realidad ya eligió.
Ayer veíamos cómo Dios fue claro en la dirección que le dio a Balaam; sin embargo, al poner en la balanza ser obediente a Dios o recibir una gran cantidad de riquezas, el corazón de Balaam se inclina por la recompensa y busca maneras de justificar su desobediencia.
“Balaam respondió a los siervos de Balac: Aun si Balac me diera su palacio lleno de oro y de plata, yo no podría hacer nada grande ni pequeño, sino ajustarme al mandamiento del Señor mi Dios.” (Números 22:18, NTV).
Su respuesta es la respuesta correcta. Sus palabras son espirituales y muestran madurez; sin embargo, es entonces cuando decide volver a “consultar” con Dios. Balaam aparenta espiritualidad cuando en realidad, en el fondo, su corazón ya sabe lo que quiere.
Y aquí está el punto: muchas veces no buscamos dirección, buscamos confirmación. No estamos confundidos, estamos divididos. Ya sabemos lo correcto, pero no es lo que queremos.
Entonces hacemos lo mismo que Ferdinand. Empezamos a leer “señales”, a reinterpretar circunstancias, a abrir conversaciones espirituales que suenan correctas. Pero en el fondo, solo intentan validar una decisión que ya tomamos en el corazón.
Cuando lo correcto no es lo que quieres, el verdadero problema no es falta de claridad, es falta de rendición.
Amigo/a, la pregunta no es: “Dios, ¿qué quieres que haga?”. La pregunta es: “¿Estoy dispuesto a obedecer, aun cuando no sea lo que quiero?”
Es ahí donde todo se define.